El peor monzón en 11 años redujo drásticamente las cosechas en el segundo productor mundial, disparando los precios un 15% a nivel global. El desastre golpea a los productores endeudados y frena el plan indio de biocombustibles.
Una confluencia crítica de cambio climático, alteraciones meteorológicas extremas y tensiones geopolíticas encareció drásticamente el valor del azúcar en todo el planeta. El fenómeno de El Niño provocó una sequía histórica en la India —el mayor consumidor y segundo productor mundial de azúcar—, donde el peor monzón en once años devastó los cañaverales, disparó los precios internos en plena temporada de festividades religiosas y obligó a las autoridades a habilitar importaciones de emergencia, una medida excepcional para una potencia agroexportadora que terminó por recalentar las cotizaciones internacionales.
De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el valor global del producto se incrementó casi un 15% en el último año. El impacto no se limita al territorio asiático: las anomalías térmicas y el déficit hídrico golpearon de igual modo a las plantaciones de caña en Brasil —primer productor del globo— y a los campos de remolacha azucarera en Europa, encareciendo la canasta básica de alimentos y tensando las cadenas de suministro en los mercados emergentes.
En distritos rurales como Marathwada, en el oeste indio, el panorama para los agricultores es desolador tras atravesar una temporada previa de inundaciones y plagas para caer ahora en una aridez extrema. Con pozos que perforan hasta 245 metros de profundidad sin encontrar napas activas y represas reducidas a zanjas de polvo, las pérdidas en el rendimiento de los tallos oscilan entre el 50% y el 75% respecto a los niveles normales.
Acorralados por deudas contraídas para comprar fertilizantes a precios récord, ejecuciones bancarias de maquinaria agrícola y la imposibilidad de recuperar bienes empeñados, cientos de campesinos enfrentan una bancarrota total que profundizó cuadros de angustia social y tentativas de suicidio en comunidades agrícolas donde no llueve y el costo de cosechar supera el valor de venta de la materia prima raquítica.
La escasez también impactó de lleno en los objetivos estratégicos de seguridad nacional impulsados por Nueva Delhi:
Freno al corte con biocombustibles: la caña constituye el insumo central del programa gubernamental que fijó el corte obligatorio del 20% de etanol en las naftas para reducir la sangría de divisas por importación de crudo, vital ante los bloqueos y tensiones bélicas en Medio Oriente.
Presión sobre otros cultivos: ante el faltante azucarero, la industria comenzó a desviar maíz y arroz hacia la producción de destilados, estresando alimentos básicos que también sufren la sequía en la mitad del territorio indio.
Malestar en los usuarios: conductores y motociclistas protestan por la pérdida de rendimiento de los motores y el deterioro mecánico en vehículos no adaptados al corte de combustible.
En los centros urbanos, la escalada se sintió de inmediato en las confiterías y comercios minoristas, donde bocadillos tradicionales como los laddoos y modaks subieron un 10% en góndola. Pese a que la Federación Nacional de Fábricas Cooperativas de Azúcar intentó frenar las compras de pánico asegurando que el abastecimiento está garantizado, el encarecimiento generalizado del costo de vida forzó a los consumidores a racionar sus gastos, reduciendo las tradicionales ofrendas dulces destinadas a los templos durante las celebraciones religiosas.