Empresarios del sector describen un escenario crítico por la caída de ventas, el aumento de costos y la presión impositiva. Advierten cierres de locales y una cadena de pagos cada vez más frágil.
La industria cervecera en Mendoza atraviesa uno de sus momentos más delicados en años. La combinación de una fuerte caída del consumo, que alcanza el 35%, y el aumento sostenido de los costos encendió las alarmas en todo el sector, que ya advierte cierres de locales y riesgo de despidos.
Desde grandes productores hasta pequeñas cervecerías artesanales coinciden en el diagnóstico: el escenario es crítico y no muestra señales claras de recuperación. La retracción del consumo impacta directamente en toda la cadena, desde la producción hasta la comercialización.
Uno de los referentes del sector, Eduardo Maccari, creador de la cerveza Jerome, fue contundente al describir la situación:
"La crisis es muy fuerte en todo el sector cervecero argentino".
El empresario explicó que la caída del consumo está directamente vinculada a la pérdida del poder adquisitivo, aunque en Mendoza se suma un factor adicional: la crisis del sector vitivinícola.
"Estamos recibiendo un doble impacto: por la caída del consumo de cerveza y por la contracción del sector del vino".
El canal gastronómico aparece como el más golpeado. Bares y cervecerías, que son uno de los principales motores de ventas, muestran una postal repetida en toda la provincia: locales vacíos y otros funcionando al límite.
Yago Boullaude, de Cervecería Stipa, describió la situación con preocupación:
"Hay locales vacíos como nunca antes en calles principales de la provincia".
La crisis no solo afecta a los comercios visibles. También golpea a toda la cadena productiva, con una reducción en las compras, deudas impagas y una estructura cada vez más frágil.
Mientras tanto, los costos continúan en alza. La energía eléctrica es uno de los principales problemas, con facturas que en algunos casos superan el millón de pesos mensual, debido al uso intensivo de equipos de refrigeración.
"Hay muchos equipos de frío en las fábricas, por eso la electricidad es un costo clave", explicó Boullaude.
A esto se suma el aumento de insumos como la cebada, el lúpulo y la levadura, que registraron subas cercanas al 17% interanual. Sin embargo, el mayor peso recae sobre los costos operativos y las cargas laborales.
Según explicó Nicolás Massaccesi, los precios de venta no lograron acompañar la inflación, lo que limita la posibilidad de trasladar los aumentos al consumidor.
Frente a este escenario, muchas cervecerías optaron por sostener precios bajos para mantener el movimiento, incluso resignando rentabilidad.
"Tenemos precios muy bajos que apenas nos convienen, todo para sostener los puestos de trabajo", reconoció Boullaude.
El empresario Andrés Benegas coincidió en que la situación en Mendoza es incluso más compleja que en otras regiones:
"A nivel provincial es peor aún que el nacional, el consumo bajó muchísimo".
La fuerte dependencia del turismo, la gastronomía y el vino generó un efecto en cadena que profundizó la crisis en la provincia.
En este contexto, el sector reclama medidas urgentes para revertir la situación. Entre los principales pedidos aparece la reducción de la presión impositiva.
"El Impuesto Interno a la Cerveza y el IVA están asfixiando al consumo", advirtió Maccari.
Además, plantean la necesidad de políticas coordinadas con la industria vitivinícola, entendiendo que ambas actividades están estrechamente vinculadas en la economía mendocina.
Mientras tanto, el mercado muestra algunos cambios: crece el consumo en supermercados y comercios de cercanía, y gana espacio la cerveza sin alcohol. Sin embargo, estas tendencias aún no logran compensar la caída general del sector.