Miguel Díaz-Canel rechazó las presiones para abandonar el cargo y defendió el sistema político cubano en una entrevista con NBC.
El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, aseguró que no tiene intención de abandonar el poder y respondió con dureza a las presiones provenientes de Estados Unidos, en medio de un contexto de crisis económica y tensión diplomática.
La declaración se produjo durante una entrevista con la cadena NBC, en la que el mandatario rechazó de plano la posibilidad de renunciar.
Ante la consulta directa, Díaz-Canel fue categórico:
"Renunciar no forma parte de nuestro vocabulario".
El presidente cubano también cuestionó la legitimidad de las presiones externas y defendió la soberanía del país:
"En Cuba no se elige a los líderes por el gobierno de Estados Unidos. Somos un Estado soberano e independiente".
Las declaraciones se dan en un contexto de creciente presión por parte de Washington. El presidente estadounidense, Donald Trump, llegó a calificar a Cuba como un "país fallido" y sugirió la posibilidad de un cambio de gobierno.
Desde la Casa Blanca también aseguraron que existe disposición al diálogo, aunque condicionada a reformas por parte del gobierno cubano.
En la misma línea, el secretario de Estado, Marco Rubio, fue aún más crítico al señalar que el sistema económico de la isla "no funciona" y que el cambio requiere modificar el liderazgo político.
Díaz-Canel respondió a estas críticas defendiendo el sistema político cubano y aseguró que sus autoridades son elegidas por el pueblo, aunque el país mantiene un sistema de partido único sin oposición formal.
El mandatario también se refirió a las amenazas de intervención y dejó un mensaje contundente:
"No tengo miedo. Estoy dispuesto a dar mi vida por la revolución".
El endurecimiento del discurso ocurre en medio de una profunda crisis en la isla, marcada por escasez de alimentos, falta de combustible y apagones frecuentes.
El gobierno cubano atribuye gran parte de esta situación al embargo económico impuesto por Estados Unidos, mientras que desde Washington sostienen que el problema radica en el modelo económico del país.
En paralelo, ambos países mantienen contactos preliminares para reducir tensiones, aunque sin avances concretos hasta el momento.
El escenario deja abierta la incertidumbre sobre el futuro de la relación bilateral, en un contexto donde las diferencias políticas y económicas siguen marcando el vínculo entre ambas naciones.