El líder chino mantuvo un encuentro con una figura clave de la oposición taiwanesa en medio de ejercicios militares y tensiones con Estados Unidos.
El presidente de China, Xi Jinping, mantuvo una reunión con la líder de la oposición de Taiwán en un contexto de creciente tensión en el estrecho, marcado por ejercicios militares chinos y disputas con Estados Unidos.
El encuentro se realizó en Beijing y, aunque no dejó anuncios concretos, fue interpretado como un intento de China por mostrar influencia política sobre la isla, más allá de su presión militar.
Durante la reunión, Xi Jinping insistió en el histórico reclamo de China sobre Taiwán y dejó en claro su postura frente a cualquier intento independentista:
"La independencia de Taiwán es el principal factor que destruye la paz en el estrecho. No la toleraremos bajo ninguna circunstancia".
La reunión se dio en un momento particularmente delicado, con un aumento de los ejercicios militares chinos alrededor de la isla y reiteradas incursiones de aviones y drones del Ejército Popular de Liberación.
En paralelo, Beijing mantiene su rechazo a las ventas de armas estadounidenses a Taiwán, uno de los principales puntos de conflicto con Washington.
Por su parte, la dirigente opositora taiwanesa adoptó un tono moderado y evitó confrontar directamente con China, lo que generó controversia dentro de su propio país.
"Esperamos consolidar una relación estable. Esto debe hacerse paso a paso".
La líder también remarcó la necesidad de evitar una escalada militar en la región, en un contexto donde crece el temor a un conflicto armado.
"Debemos hacer todo lo posible para evitar una guerra en el estrecho de Taiwán".
Su postura marca un giro en su trayectoria política. En el pasado, había sido una figura vinculada al independentismo, pero en la actualidad promueve un acercamiento con Beijing, lo que la convirtió en una figura divisiva dentro de la política taiwanesa.
El encuentro también tuvo un fuerte componente simbólico. Se realizó en el Gran Salón del Pueblo, un espacio reservado habitualmente para reuniones con jefes de Estado, lo que refuerza el mensaje político de Beijing.
Además, la visita incluyó actividades en ciudades clave como Nanjing, antigua capital china bajo el gobierno del Kuomintang, el partido al que pertenece la dirigente opositora.
Mientras tanto, el gobierno actual de Taiwán, encabezado por el presidente Lai Ching-te, mantiene una postura más firme frente a China y es considerado por Beijing como un líder "separatista".
En ese contexto, el acercamiento entre Xi y la oposición aparece como una estrategia para influir en el equilibrio político interno de la isla.
La reunión se produce, además, a pocas semanas de una posible visita de Donald Trump a China, lo que suma un nuevo elemento de tensión en la relación entre las principales potencias.