Decenas de personas murieron en una masacre perpetrada por hombres armados en dos pueblos remotos del estado de Kwara, en Nigeria, donde cuerpos fueron hallados con las manos atadas y viviendas incendiadas, mientras el gobierno desplegó al Ejército en respuesta a este y otros ataques violentos en el país.
Un ataque armado de gran violencia sacudió la noche del martes a las aldeas Woro y Nuku, en el estado de Kwara, al centro-oeste de Nigeria, dejando como saldo al menos 162 personas muertas y decenas de desaparecidos, según autoridades locales y organizaciones humanitarias.
Los primeros informes describen cómo los agresores irrumpieron en las comunidades y abrieron fuego contra los residentes, mientras imágenes transmitidas por medios locales mostraron cuerpos tendidos en el suelo ensangrentado, muchos de ellos con las manos atadas a la espalda, un indicio de que fueron capturados y ejecutados antes de morir.
Además de los asesinatos, los atacantes también incendiaron viviendas y comercios, obligando a muchos habitantes a huir hacia el bosque o zonas cercanas para salvar sus vidas.
Aunque por ahora ningún grupo ha reivindicado el ataque oficialmente, líderes locales y autoridades han señalado que los agresores habrían sido miembros del grupo armado Lakurawa, vinculado al Estado Islámico y presentes en la región desde hace años.
Algunos testimonios indican que los atacantes utilizaron gritos y consignas ideológicas durante la masacre. Otros medios internacionales también han señalado que ciertos observadores locales creen que el ataque podría estar relacionado con una insistencia de los insurgentes para imponer una interpretación estricta de la sharia, que algunos residentes rechazaron.
Ante la magnitud de la violencia, el presidente de Nigeria, Bola Ahmed Tinubu, ordenó un despliegue de tropas del Ejército hacia las zonas afectadas para reforzar la seguridad y evitar que se repitan hechos similares. Las fuerzas armadas nigerianas han sido movilizadas como parte de una respuesta mayor conocida como "Operación Escudo de la Sabana", con el objetivo de contener a grupos terroristas y proteger a las comunidades indefensas.
Las autoridades han condenado lo que definieron como un acto cobarde y brutal, y sostienen que continuarán operaciones coordinadas contra los elementos armados responsables.
Este ataque se produce en un contexto de grave crisis de seguridad en Nigeria, donde diversas regiones del país enfrentan violencia recurrente atribuida a grupos insurgentes, bandas criminales yihadistas y redes de secuestros. En el noreste, por ejemplo, la insurgencia de Boko Haram y su escisión vinculada al Estado Islámico en la Provincia de África Occidental han causado miles de muertes y millones de desplazados durante los últimos años.
Además, la violencia armada no se limita a un solo estado: episodios similares de ataques letales contra civiles han sido reportados también en otras partes de Nigeria en los últimos meses, reflejando una situación de inseguridad persistente y compleja en varias regiones del país.