Un empresario de 64 años fue asesinado de un balazo en el pecho en pleno intento de robo en Merlo; el agresor, un hombre con pedido de captura vigente por graves delitos, fue detenido tras una intensa persecución policial.
La localidad bonaerense de Merlo quedó conmocionada tras el asesinato de Jorge Abelardo Acosta, un empresario de 64 años conocido en la zona, quien fue baleado en el pecho durante un intento de robo mientras estaba dentro de su camioneta en una esquina transitada. La víctima, además de dirigir una empresa de transporte familiar, era dueño de un salón de eventos con patio cervecero, y padre de cuatro hijos, lo que profundizó el impacto del hecho entre amigos y vecinos.
El crimen se produjo a plena luz del día cuando Acosta había detenido su camioneta Ford Ranger Limited frente a una casa de repuestos para adquirir insumos para su negocio. Sin mediar palabra, un hombre que había arribado en un auto robado descendió y le disparó directamente al pecho, provocándole la muerte en el acto.
Las autoridades identificaron al sospechoso como Daniel Gustavo Lezcano, de 41 años, quien contaba con un pedido de captura emitido en abril de 2024 por delitos graves, incluidos robo, asociación ilícita, privación ilegal de la libertad agravada y homicidio criminis causa en grado de tentativa. A pesar de esa orden de arresto, Lezcano se encontraba en libertad y actuó en la secuencia delictiva que culminó con el homicidio de Acosta.
La investigación reconstruyó una escalada delictiva minutos antes del crimen: Lezcano había robado un Peugeot 207 en la zona de Libertad, a unos siete kilómetros del lugar donde atacó a Acosta. Tras disparar, chocó contra un vehículo estacionado y, sin lograr arrancar la camioneta del empresario, huyó a pie, continuando el raid delictivo.
Durante su fuga, el agresor robó una Renault Kangoo a punta de pistola a otro conductor y protagonizó una persecución policial que terminó en choque en una esquina próxima. No conforme con ello, el sospechoso tomó otro vehículo -una Citroën Berlingo- y prosiguió la huida hasta que volcó en la intersección de Hipólito Yrigoyen y Garay, donde finalmente fue detenido por la Policía.
En poder de Lezcano se secuestró una pistola marca Astra calibre 9 milímetros, la misma que tenía pedido de secuestro en una causa anterior. El detenido se negó a declarar ante la fiscalía y ahora enfrenta cargos por homicidio criminis causa, múltiples robos automotores, resistencia a la autoridad agravada y portación ilegal de arma de guerra.
Desde el momento del hecho, las redes sociales se llenaron de mensajes de dolor y despedida por parte de amigos, vecinos y miembros de su iglesia, la Misión Evangelística, donde Acosta era recordado no solo por su actividad empresarial sino también por su compromiso comunitario. "Fuiste una gran persona, exitoso en todo. siempre voy a estar agradecido con vos", escribió un amigo en redes, reflejando la conmoción que generó el crimen.
El caso también puso nuevamente la mirada en las graves fallas del sistema judicial y de control, dado que el agresor tenía una orden de captura vigente desde hace casi dos años y permanecía en libertad al momento de cometer el asesinato, lo que encendió el debate local sobre políticas de seguridad y eficacia de la persecución penal.
La causa sigue su curso en la Justicia de Merlo, donde los investigadores buscan precisar las responsabilidades y determinar si hubo negligencias en la aplicación de la orden de captura, en paralelo a los procesos penales abiertos contra Lezcano.