Un informe del Banco Central advierte que empresas y familias acceden a menos financiamiento en un contexto de mora en alza y enfriamiento económico.
A pesar de la baja de tasas impulsada por el Gobierno, la demanda de créditos sufrió una caída significativa en el inicio de 2026, mientras los bancos endurecieron las condiciones para otorgar financiamiento tanto a empresas como a familias.
Los datos surgen de la Encuesta de Condiciones Crediticias del Banco Central (BCRA), que releva el comportamiento del sistema financiero y representa cerca del 90% del crédito al sector privado.
Durante el primer trimestre del año, las entidades financieras aplicaron mayores restricciones al financiamiento empresarial. La tendencia alcanzó tanto a pymes como a grandes compañías.
Entre los cambios más relevantes se destacan menores montos otorgados, plazos más cortos y mayores exigencias de garantías.
Al mismo tiempo, los bancos detectaron una caída generalizada en la demanda de crédito, lo que suele asociarse a menor inversión y postergación de proyectos productivos.
En el caso de los hogares, el endurecimiento se concentró en tarjetas de crédito y préstamos personales, mientras que los créditos hipotecarios y prendarios no mostraron cambios significativos.
Sin embargo, la demanda también retrocedió en todas las líneas, especialmente en consumo, reflejando un menor poder adquisitivo y mayor cautela de las familias.

Tras el dato de inflación de marzo, se limitaron las subas mensuales de AySA al 3% durante los próximos meses.
Uno de los factores clave detrás de esta cautela es el aumento sostenido de la morosidad. En febrero, el nivel de créditos con problemas de pago alcanzó el 6,7%, el valor más alto en más de 20 años.
El deterioro fue especialmente marcado en los hogares, donde la irregularidad trepó al 11,2%, mientras que en empresas se ubicó en 2,9%.
Este escenario llevó a las entidades a recalibrar sus políticas de riesgo, concentrando el crédito en clientes con mayor capacidad de pago.
Aunque el Banco Central avanzó con una política de reducción de tasas para estimular el crédito, el impacto en la economía real todavía es limitado.
Si bien las tasas mayoristas bajaron, las líneas para consumo siguen siendo elevadas, con préstamos personales en torno al 70% anual y financiamiento con tarjeta cerca del 78%.

Consultoras detectaron un repunte en las últimas semanas del mes, con subas en productos clave que impactan en la canasta básica.
En ese contexto, especialistas advierten que la baja del costo del dinero no logra traducirse en un aumento significativo del crédito, principalmente por la incertidumbre económica y la caída de ingresos.
El enfriamiento del crédito coincide con un momento delicado para la actividad económica. En febrero, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró una caída del 2,6% mensual.
Analistas señalan que la combinación de salarios deteriorados, menor consumo y crédito restringido está frenando la recuperación.
En este escenario, el financiamiento aparece como una herramienta clave para reactivar la economía. Sin embargo, con bancos más enfocados en reducir riesgos que en expandir préstamos, el rebote podría ser más lento y desigual.