El Poder Ejecutivo nacional oficializó el cese de Marcelo Nimo como agregado especializado en Madrid. La trama de una tensa relación con Wenceslao Bunge Saravia, el reclamo por un despacho perdido y las críticas por la falta de ajuste fiscal.
La convivencia interna en las delegaciones diplomáticas de la administración libertaria sumó un capítulo de máxima tensión que debió resolverse directamente desde el despacho presidencial en Balcarce 50.
El presidente Javier Milei resolvió este martes remover de su cargo a Marcelo Nimo, quien se desempeñaba como agregado especializado en el Área de Promoción de Inversiones y Comercio Internacional en la embajada argentina ante el Reino de España. La medida se oficializó a través del Decreto 588/2026, publicado hoy en el Boletín Oficial, llevando las firmas del propio mandatario, del ministro de Economía, Luis Caputo, y del ministro de Relaciones Exteriores, Pablo Quirno, justificando la remoción bajo el argumento técnico de lograr una mayor eficiencia en las delegaciones del exterior.
La sorpresiva salida del funcionario no responde a un recambio programado de la plantilla, sino al desenlace de una feroz y prolongada disputa pública que paralizaba el trabajo diario en la sede de Madrid:
El despacho de la discordia: en abril pasado, Nimo denunció públicamente que el embajador Wenceslao Bunge Saravia le había quitado su oficina de trabajo de manera arbitraria, un espacio físico que el propio removido describía como "un símbolo y un sitio de convergencia para los admiradores de Milei".
Críticas al embajador: Nimo, quien se autodefine como discípulo del reconocido economista ultraliberal español Jesús Huerta de Soto, acusó a Bunge Saravia de carecer de un compromiso real con el achicamiento del gasto público y la responsabilidad fiscal que pregona la Casa Rosada.
Planes rechazados: según las declaraciones del ahora exfuncionario, el embajador se negó sistemáticamente a recibirlo para evaluar planes de austeridad y ahorro presupuestario destinados a achicar los costos operativos de la embajada en la capital española.
La interna en la delegación diplomática europea ya había escalado a niveles insostenibles en los meses previos debido a las reiteradas quejas que Nimo le hacía llegar directamente al entorno del Presidente. En sus mensajes, el exministro comercial lamentaba que la estructura de la embajada lo mantenía completamente marginado del trabajo diario, impidiéndole desarrollar de forma plena las gestiones de atracción de capitales para las que había sido designado en España. Con la firma de este nuevo decreto, el Gobierno nacional optó por respaldar la autoridad del embajador Bunge Saravia, cortando de raíz una disputa administrativa que amenazaba con empañar las relaciones bilaterales con el gobierno ibérico.