Más de 250 muertos, edificios destruidos y una población en shock: el testimonio de quienes vivieron la peor ofensiva aérea en años en Beirut.
La jornada comenzó como cualquier otra en Beirut, pero en cuestión de minutos todo cambió. Una serie de explosiones simultáneas sacudió distintos puntos de la capital libanesa y otras regiones del país, en lo que fue descrito como la ofensiva aérea más intensa de los últimos años. En apenas diez minutos, decenas de bombardeos impactaron en zonas urbanas densamente pobladas, dejando un saldo que, según cifras oficiales, supera los 250 muertos y los 1.100 heridos, con el temor de que el número continúe aumentando a medida que avanzan las tareas de rescate.
Los ataques, llevados a cabo por Israel, alcanzaron no solo Beirut y sus suburbios, sino también el sur del país y el valle de la Bekaa. El ejército israelí afirmó haber golpeado más de 100 objetivos vinculados a Hezbolá, aunque gran parte de los impactos se registraron en áreas residenciales, provocando el colapso de edificios enteros y escenas de destrucción generalizada.
La magnitud del ataque generó una respuesta inmediata en los servicios de emergencia, que rápidamente se vieron desbordados. Hospitales y centros de salud colapsaron ante la llegada masiva de heridos, mientras se multiplicaban los pedidos de donación de sangre. En distintos puntos de la ciudad, las ambulancias circulaban sin descanso y los equipos de rescate trabajaban entre los escombros intentando encontrar sobrevivientes.
En barrios como Manara, sobre la costa de Beirut, los ataques dejaron escenas de devastación total. Departamentos enteros desaparecieron y locales comerciales quedaron parcialmente destruidos. Vidrios rotos, fachadas derrumbadas y calles cubiertas de escombros marcaron el paisaje de una ciudad que, hasta ese momento, había mantenido cierta normalidad en comparación con otras zonas del conflicto.
El impacto psicológico fue inmediato. La población, sorprendida por la intensidad y la extensión de los ataques, quedó sumida en una mezcla de miedo, confusión e incertidumbre. Muchos residentes no recibieron advertencias previas y apenas tuvieron tiempo de reaccionar.
En medio de ese escenario, los testimonios de quienes vivieron el ataque reflejan con crudeza la magnitud de lo ocurrido:
"Hasta los gatos de la calle salieron corriendo. Nunca vimos algo así. Todo fue muy rápido, las explosiones no paraban."
"Escuché varias detonaciones seguidas, eran demasiadas. Cuando miré hacia arriba, había humo en distintos puntos de la ciudad."
"La gente tiene miedo. Esto es algo que nadie puede soportar, no sabemos qué puede pasar después."
"Escuché un silbido y después explosiones por todos lados. Nunca vi algo así en mi vida."
La ofensiva se produjo apenas horas después de la entrada en vigor de una tregua entre Estados Unidos e Irán, lo que generó una fuerte controversia sobre si Líbano estaba incluido en ese acuerdo. Mientras Irán y Pakistán sostienen que sí forma parte del alto el fuego, tanto Israel como Estados Unidos consideran que se trata de un frente separado del conflicto principal.
En este contexto, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, dejó en claro que las operaciones contra Hezbolá continuarán, lo que incrementa la incertidumbre sobre una posible escalada aún mayor en la región.
En las calles de Beirut, esa incertidumbre se traduce en temor. Mientras los equipos de rescate siguen trabajando y los hospitales intentan responder a la emergencia, una sensación domina a la población: la de estar frente a un conflicto que, lejos de terminar, podría intensificarse en cualquier momento.