El presidente de Estados Unidos ordenó la imposición de aranceles a países que suministren petróleo a Cuba, en una estrategia para agravar la crisis energética de la isla y limitar la capacidad del gobierno cubano de mantener su economía.
El gobierno de Estados Unidos, bajo la administración del presidente Donald Trump, anunció una nueva ronda de medidas económicas dirigidas a aislar aún más al régimen de Cuba. La Casa Blanca firmó una orden ejecutiva que permite imponer aranceles a cualquier país que suministre petróleo o combustibles a la isla, una estrategia para profundizar la presión financiera sobre La Habana.
La orden se basa en la declaración de una emergencia nacional, mediante la cual Washington sostiene que las políticas y acciones del gobierno cubano representan una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad y la política exterior estadounidense. Esto permitirá aplicar aranceles adicionales a productos de naciones que directa o indirectamente exporten crudo a Cuba.
La medida se enmarca en un contexto de tensión geopolítica regional, tras la interrupción del suministro de petróleo venezolano a la isla luego de cambios políticos en Caracas y el cese de los envíos desde ese país aliado histórico de Cuba.
Durante la presentación de un evento público, Trump afirmó que la situación de Cuba es insostenible y que el régimen caribeño no podrá sobrevivir si continúa perdiendo apoyo energético externo. El presidente describió a Cuba como una nación en decadencia y defendió las sanciones como parte de una estrategia para debilitar al gobierno de La Habana.
La implementación de estos aranceles se presenta como una respuesta de Washington a la supuesta cooperación de Cuba con países y grupos que Estados Unidos considera hostiles. El documento presidencial menciona la relación con Estados como Rusia, China e Irán, y acusa al gobierno cubano de violaciones a los derechos humanos.
Expertos en política internacional señalan que esta decisión podría tener impactos significativos en la ya crítica situación energética de Cuba, que depende en gran medida de importaciones de petróleo para sostener su sistema eléctrico, transporte y economía en general.
Algunos países de la región, que han sido proveedores de combustible a Cuba en los últimos meses, podrían verse obligados a reconsiderar sus relaciones comerciales con la isla para evitar las penalizaciones económicas establecidas por la administración de Trump.
Gobiernos aliados de Cuba han criticado la decisión de Estados Unidos, calificándola como una acción coercitiva que exacerba los problemas estructurales que enfrenta la nación caribeña.