Un tribunal británico halló culpable a Amanda Wixon, de 56 años, por esclavitud moderna, trabajo forzado y falso encarcelamiento tras mantener a una mujer vulnerables cautiva en su casa durante más de dos décadas, obligándola a realizar tareas domésticas bajo amenazas violentas.
Un impactante caso de esclavitud moderna salió a la luz en Inglaterra después de que un jurado del Gloucester Crown Court encontrara culpable a Amanda Wixon, de 56 años, de mantener a una mujer cautiva y forzada a trabajar como "esclava doméstica" durante más de 20 años en la localidad de Tewkesbury, en el condado de Gloucestershire.
La víctima, ahora en sus 40 años, tenía dificultades de aprendizaje cuando fue llevada a vivir con Wixon en 1995 o 1996, bajo el pretexto de que la acusada asumiría su cuidado. Sin embargo, el relato judicial mostró que la mujer fue encerrada en la vivienda, privada de libertad y sometida a trabajos domésticos forzados, sin remuneración ni descanso real durante más de dos décadas.
Durante el juicio de 13 días, la Fiscalía reveló un patrón sistemático de abuso: la víctima era obligada a limpiar la casa, barrer los pisos arrodillada, preparar las comidas familiares, lavar los platos y cuidar a los hijos de Wixon, mientras la acusada la amenazaba con violencia si no cumplía con las tareas. En muchos años, la mujer solo recibía una comida al día y vivía con sobras o restos, sin acceso adecuado a atención médica, dental o higiene básica.
La investigación policial también determinó que Wixon cobraba beneficios estatales destinados a la víctima en su propio nombre, algo que la mantuvo en pobreza extrema y dependencia total. Las autoridades describieron la vivienda como un lugar con condiciones miserables, con paredes con moho y una habitación insalubre donde la víctima dormía.
Los testimonios recogidos durante el proceso detallaron episodios de violencia física sistemática: la mujer era golpeada, estrangulada e incluso forzada a realizar tareas bajo amenaza constante. En al menos una ocasión, cuando la víctima recibió un teléfono clandestino, Wixon la golpeó en el rostro con el dispositivo y lo destruyó con un martillo.
Además, la acusada prohibió que la víctima se bañara, obligándola incluso a encargarse de los baños de los niños de la familia en lugar de atender su propia higiene. Estos abusos continuaron sin interrupción hasta marzo de 2021, cuando la víctima logró pedir ayuda y la policía acudió a la casa, encontrándola desnutrida, demacrada y con signos visibles de maltrato prolongado.
El tribunal británico declaró a Wixon culpable de varios cargos, que incluyen trabajo forzado o obligatorio, falso encarcelamiento y agresión física grave. La sentencia definitiva aún no se ha dictado, pero se espera que la acusada reciba una pena significativa cuando sea sentenciada en marzo de 2026.
Este caso ha generado conmoción internacional y ha reavivado el debate sobre la existencia de formas contemporáneas de esclavitud dentro de sociedades desarrolladas, así como la importancia de políticas y mecanismos efectivos para proteger a las personas vulnerables de abusos prolongados e invisibles.