En medio de la tensión global por la guerra en Medio Oriente, el peso argentino se ubica como una de las monedas que mejor resiste frente al dólar, impulsado por factores internos y expectativas económicas.
En un contexto internacional marcado por la incertidumbre y la volatilidad financiera, el peso argentino se posiciona como la segunda moneda que mejor resiste frente al dólar desde el inicio de la guerra en Medio Oriente.
De acuerdo con análisis del mercado, la divisa local muestra una apreciación superior al 1%, ubicándose solo por detrás del peso colombiano, mientras que la mayoría de las monedas globales registran caídas.
El conflicto bélico generó una fuerte búsqueda de refugio en el dólar, lo que impactó negativamente en la mayoría de las monedas, especialmente en mercados emergentes. Sin embargo, el peso argentino logró desmarcarse de esa tendencia.
Mientras algunas divisas registraron pérdidas de hasta 6%, la moneda argentina se mantuvo firme e incluso mostró avances, algo poco habitual en escenarios de tensión internacional.
Uno de los principales factores detrás de este comportamiento es el ingreso de dólares al país, junto con la expectativa de una cosecha agrícola fuerte, que incrementaría la oferta de divisas en los próximos meses.
A esto se suma una política monetaria restrictiva y un mayor control sobre la liquidez, lo que contribuye a sostener la estabilidad cambiaria.
El Banco Central también juega un rol clave en este escenario. En las últimas semanas, la entidad acumuló compras diarias de dólares y mantiene el tipo de cambio en una zona estable, por debajo de los $1.400 en el mercado oficial.
En lo que va del año, las compras de reservas ya rondan los u$s3.800 millones, lo que refuerza la capacidad de intervención del organismo.
Analistas consideran que esta dinámica podría extenderse durante varios meses, siempre que se mantenga el flujo de divisas y no haya cambios bruscos en el escenario internacional.
De esta manera, el peso argentino se convierte en una excepción dentro de un mercado global golpeado por la incertidumbre, mostrando una resiliencia poco habitual frente a shocks externos.