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Estudian si los hongos alucinógenos pueden ayudar a dejar de fumar: qué dicen las investigaciones

Estudios clínicos analizan si la psilocibina, combinada con terapia psicológica, puede ayudar a dejar de fumar. Los resultados son prometedores, pero aún preliminares.

Martes, 5 de Mayo de 2026

La psilocibina, el compuesto psicodélico presente en algunos hongos, comenzó a ocupar un lugar cada vez más relevante en investigaciones clínicas sobre adicciones. Una de las líneas que más atención genera es su posible uso como apoyo para dejar de fumar, siempre en contextos médicos controlados y acompañada por terapia psicológica.

El interés científico no surge de un consumo recreativo ni de la automedicación, sino de ensayos supervisados en los que la sustancia se administra en dosis medidas, con preparación previa, acompañamiento profesional y seguimiento posterior.

Qué encontraron los estudios

Uno de los antecedentes más citados proviene de investigadores de Johns Hopkins, que evaluaron psilocibina junto con terapia cognitivo-conductual para dejar el cigarrillo. En un estudio piloto de largo plazo, 10 de 15 participantes seguían sin fumar al año, y 9 mantenían la abstinencia en un seguimiento promedio de 30 meses.

Más recientemente, un ensayo clínico piloto publicado en JAMA Network Open comparó una dosis alta supervisada de psilocibina con el uso de parches de nicotina. Ambos grupos recibieron terapia cognitivo-conductual. A los seis meses, el grupo tratado con psilocibina mostró una mayor tasa de abstinencia prolongada que el grupo que utilizó parches, aunque los propios autores remarcaron que hacen falta estudios más amplios para confirmar eficacia y seguridad.

La hipótesis de trabajo es que la psilocibina no actúa como un reemplazo de la nicotina, sino que podría favorecer cambios psicológicos relevantes: mayor flexibilidad cognitiva, revisión de hábitos, procesamiento emocional y modificación de patrones de conducta asociados al consumo.

Límites, riesgos y cautela médica

Los resultados son considerados prometedores, pero todavía no alcanzan para reemplazar los tratamientos aprobados para dejar de fumar, como la terapia de reemplazo nicotínico, ciertos medicamentos indicados por profesionales y los programas conductuales.

Además, la psilocibina es una sustancia regulada o ilegal en muchos países, incluida buena parte de América Latina, y puede generar efectos psicológicos intensos. Por eso, los ensayos clínicos excluyen a personas con ciertos antecedentes psiquiátricos y se realizan con supervisión especializada.

También hay límites metodológicos importantes: varios estudios tienen muestras pequeñas, seguimiento acotado o diseños piloto. En el caso del estudio inicial de Johns Hopkins, participaron solo 15 personas, por lo que sus resultados sirvieron para abrir nuevas investigaciones, no para establecer una recomendación médica general.

En síntesis, la psilocibina aparece como una línea de investigación seria y en expansión para el tabaquismo, pero todavía experimental. El mensaje central de los especialistas es prudente: podría convertirse en una herramienta útil en el futuro, siempre dentro de protocolos clínicos, pero no debe entenderse como un tratamiento casero ni como una vía segura fuera del sistema de salud.