El fiscal Andrés Madrea solicitó la detención de ocho acusados de integrar una red delictiva dedicada a asaltos planificados en Saavedra, Núñez y Villa del Parque. Los delincuentes operaban con logística de inteligencia, autos de apoyo y motos a su nombre.
Lejos de responder al arquetipo del arrebato solitario o improvisado, una sofisticada organización criminal dedicada a ejecutar salideras bancarias y emboscadas en cuevas financieras quedó al descubierto en los tribunales porteños. La Justicia agravó la acusación contra al menos doce sospechosos de integrar una asociación ilícita responsable de haber perpetrado al menos siete asaltos a mano armada entre marzo y mayo de este año en barrios como Saavedra, Núñez y Villa del Parque, con un botín acumulado que supera los $122 millones en efectivo.
La pesquisa, conducida por el fiscal Andrés Madrea, desentrañó un mecanismo delictivo caracterizado por una rigurosa tarea de inteligencia previa. Para concretar los golpes, la banda desplegaba dos motocicletas coordinadas junto con vehículos de apoyo que operaban como contención y vía de escape. Sin embargo, pese a la eficacia en la selección de los blancos, los delincuentes cometieron un error crucial: utilizar rodados inscriptos a sus propios nombres, lo que facilitó el seguimiento forense a través del Centro de Monitoreo Urbano y derivó en el pedido de detención formal de ocho cómplices ante el Juzgado N° 32.
El hilo conductor del caso se remonta a dos hechos investigados inicialmente por el fiscal José María Campagnoli y el juez Darío Bonanno. El primero ocurrió el 14 de marzo en Ramallo al 4500, en Saavedra, donde encañonaron a una víctima para arrebatarle $32 millones. La suerte de la banda cambió el 1° de abril en Vedia al 2100, en Núñez: al intentar asaltar a un mensajero que trasladaba $17 millones, los ladrones ignoraban que se trataba de un expolicía armado con un revólver calibre .357, quien repelió el ataque e hirió en una pierna a Tomás Sobre, un reincidente con seis condenas previas que terminó procesado en el hospital.
A partir de aquel tiroteo, las cámaras de seguridad individualizaron a dos eslabones centrales. El primero fue Marcelo Z., un conductor con amplio prontuario que huyó hasta un domicilio del barrio de Once registrado en el Renaper y hoy permanece detenido. El segundo implicado, sindicado como el cabecilla de la estructura, era el titular de uno de los automóviles de apoyo: tras el asalto en Núñez, dejó el coche en una cochera de la zona del Abasto y se marchó a almorzar a un restaurante peruano antes de darse a la fuga, quedando declarado en rebeldía judicial.
Este segundo operador —un hombre de 38 años con pasado en el rubro gastronómico y antecedentes en presidios federales— fue posicionado por la fiscalía de Madrea como el jefe de la asociación ilícita, incorporando a su pareja como la segunda imputada de mayor peso en la causa. Las pesquisas delegadas en las Divisiones Investigaciones Comunales 3 y 11 de la Policía de la Ciudad permitieron rastrear sus vínculos a través de publicaciones en redes sociales que exponían reuniones carcelarias con otros miembros del grupo.
El modus operandi de la banda incluía también el engaño mediante operaciones ficticias en el mercado informal de divisas. Uno de los hechos más elocuentes se registró el 11 de mayo en Helguera al 1400, cuando un damnificado fue convocado mediante un perfil falso para realizar una transacción cambiaria; al llegar al punto de encuentro, una gavilla lo rodeó para sustraerle $17 millones de una mochila antes de escapar en un despliegue coordinado de motos y autos que ahora quedó cercado por la Justicia.