En el Coloquio de IDEA, los ejecutivos valoran el orden fiscal pero temen un freno económico y un giro político en 2027. Las dudas sobre el estilo de Milei abren el juego a figuras como Patricia Bullrich y a los rearmados de la oposición.
Aunque todavía falta un año para las elecciones presidenciales de 2027, el futuro político dominó las conversaciones en los pasillos del Coloquio de IDEA en Mar del Plata. La mayoría de los directivos y ejecutivos presentes valora los avances del Gobierno en materia de orden macroeconómico y desregulación, pero convive con una inquietud de fondo: el temor a que un eventual cambio de signo político en las urnas provoque un giro de 180 grados. Esa incertidumbre ya se traduce en cautela y pone en modo de espera (wait and see) a varios proyectos de inversión, con la excepción de sectores clave como la energía, la minería y el campo.
El malestar también se alimenta del pulso diario de la actividad. En las charlas informales circularon datos duros: grandes compañías de consumo masivo admitieron caídas del 13% en sus ventas respecto de 2023, mientras que cadenas de supermercados registraron mermas del 15%. A esto se suma el impacto de la videoconferencia que brindó Javier Milei desde París. El Presidente ratificó el rumbo y avisó que no negociará consensos con la oposición tradicional, planteando que si la sociedad no lo reelige, el problema será del propio electorado. Para varios analistas y empresarios, esa postura deja a la vista dificultades de liderazgo y despierta dudas sobre cómo sería la convivencia institucional en un segundo mandato.
Los consultores que pasaron por el encuentro señalaron que, si bien la aprobación presidencial se sostiene en niveles considerables, entre sus propios votantes empieza a sentirse cierto desgaste o "fatiga", lo que lleva a mirar con atención otras figuras políticas. En ese escenario, Patricia Bullrich se llevó gran parte de las miradas con un discurso de fuerte perfil electoral. La senadora propuso cambios de fondo en el régimen previsional —al que definió como una "bomba de tiempo"—, planteó eliminar los impuestos directos al trabajo formal para terminar con la informalidad laboral, cuestionó fallos judiciales que impactan en los costos de salud y sugirió extender un esquema de incentivos tipo RIGI para premiar a las provincias que reduzcan tasas locales.
La exposición de Bullrich fue tan bien recibida que derivó en un almuerzo exclusivo con hombres de negocios en el Hotel Costa Galana, donde algunos fantasearon con la idea de que sea una alternativa libertaria si mide mejor que el Presidente para garantizar la continuidad del proyecto. Sin embargo, otros recordaron la fría relación que mantiene con Karina Milei como un freno a esa posibilidad. En paralelo, una veintena de ejecutivos mantuvo un encuentro reservado con el economista y candidato Hernán Lacunza para evaluar escenarios financieros.
Del lado del peronismo, el fantasma de un retorno al pasado tiene para muchos empresarios la cara de Axel Kicillof, a quien en La Plata consideran el candidato natural de la oposición por gestionar la provincia de Buenos Aires y encabezar los sondeos de intención de voto. Sin embargo, su postulación genera resistencias internas: en el kirchnerismo duro lo ven distante del liderazgo de Cristina Kirchner, mientras otros sectores del PJ advierten que está demasiado asociado al modelo anterior y que el espacio necesita caras nuevas para ganar.
En esa búsqueda de alternativas asoman figuras con anclaje territorial. Uno de ellos es el senador santiagueño Gerardo Zamora, quien mantiene puentes tanto con el kirchnerismo y Sergio Massa como con los gobernadores del norte y sectores radicales. También se menciona al neuquino Rolando Figueroa, visto por el empresariado como una garantía de continuidad para las inversiones energéticas en Vaca Muerta y el régimen del RIGI, que ya concentra iniciativas por cerca de 200.000 millones de dólares. Pese a las especulaciones, en el peronismo prima la idea de retrasar la definición de las fórmulas hasta el límite del cierre de listas para evitar un desgaste prematuro frente a las críticas del oficialismo.