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Argentina y Chile reactivan un tratado histórico para destrabar US$ 20.700 millones

Los gobiernos de ambos países relanzaron el Tratado de Integración y Complementación Minera para impulsar los yacimientos de cobre más rezagados. La letra chica de los protocolos compartidos, la infraestructura binacional y el efecto del RIGI.

Viernes, 10 de Julio de 2026

El mapa de las grandes inversiones mineras en Sudamérica acaba de encender motores de la mano de una alianza binacional que promete cambiar las reglas del juego en la cordillera. Argentina y Chile formalizaron la reactivación del Tratado de Integración y Complementación Minera, un ambicioso acuerdo bilateral que estaba vigente desde el año 2000 pero que venía arrastrando largas temporadas de parálisis administrativa. La reanudación de las mesas de trabajo estuvo encabezada por el secretario de Minería argentino, Luis Lucero, y su par chileno, Álvaro González, quienes se sentaron en Buenos Aires con un objetivo multimillonario: impulsar proyectos de cobre y litio que superan los 20.700 millones de dólares.

El relanzamiento de este pacto fronterizo responde al nacimiento de nuevos distritos cupríferos de escala mundial sobre ambos lados de los picos andinos, un escenario muy diferente al que existía a finales de la década de 1990 cuando se bosquejó la letra original del texto. Según las proyecciones de las compañías, estas megaestructuras extractivas podrían iniciar sus operaciones comerciales relevantes hacia el año 2030, inyectando al mercado global una producción potencial superior a las 540.000 toneladas de cobre anuales. En el pelotón de las iniciativas beneficiadas aparecen nombres de peso como el Distrito Vicuña (que nuclea a los yacimientos Josemaría y Filo del Sol), Los Azules, El Pachón y Los Helados.

Plataforma logística: compartir caminos, aduanas y puertos hacia el Pacífico

La verdadera ventaja competitiva que ofrece este mecanismo legal es que permite a las corporaciones mineras solicitar protocolos específicos para el tránsito ágil de operarios, camiones, maquinarias pesadas e insumos químicos dentro de las áreas limítrofes. El giro estratégico que busca imponer esta nueva gestión es ampliar el horizonte de los permisos para desarrollar infraestructura compartida entre ambos países. De esta manera, un yacimiento que se encuentre explotando la roca del lado argentino podrá utilizar de forma directa las plantas de procesamiento, las rutas de asfalto o las salidas navieras hacia los puertos chilenos del océano Pacífico.

El ejemplo más claro de esta sinergia de fronteras abiertas se dará en Minera Vicuña. Pese a que el corazón de sus operaciones de extracción de metal se concentran geográficamente en territorio argentino, el emprendimiento contará con la geografía de Chile como su principal plataforma de logística y despacho. Con miras a agilizar los expedientes que históricamente demoraban las inversiones, las delegaciones ya planifican un nuevo encuentro técnico en Buenos Aires con el fin de avanzar hacia la creación de una ventanilla única binacional para los trámites, buscando acortar los plazos burocráticos y diseñar licencias para distritos mineros enteros en lugar de revisarlos caso por caso.

El imán del RIGI y los guiños de Donald Trump por los minerales críticos

Este renacimiento de la agenda minera coincide de forma exacta con lo que los analistas del sector describen como el ciclo de inversiones cupríferas más importante para la Argentina desde el cierre definitivo del histórico yacimiento de Bajo de la Alumbrera en 2018. El interés de los fondos internacionales se encuentra fuertemente estimulado por el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI), la herramienta oficial que otorga estabilidad fiscal de largo plazo, exenciones de aranceles para la importación de maquinaria y facilidades cambiarias para las multinacionales que pongan los dólares en el suelo local.

La urgencia por abrochar estos acuerdos fronterizos no es ajena a la geopolítica mundial y a la carrera por el control de los denominados minerales críticos, indispensables para la transición tecnológica y la industria automotriz eléctrica. En las semanas previas a la cumbre de Buenos Aires, las carteras mineras andinas recibieron misiones diplomáticas y comerciales provenientes de Japón y los Emiratos Árabes Unidos dispuestas a financiar las obras a cambio de asegurarse el suministro de cobre y litio. En este tablero de ajedrez internacional, el propio Donald Trump mandó un guiño explícito al país al remarcar el valor de la colaboración mutua en materia energética, consolidando a la cordillera como una de las zonas más calientes para los negocios globales de los próximos años.