Filtraciones, techos que ceden y personal obligado a convivir con el agua. En plena temporada turística, la falta de inversiones del operador privado y la inacción del Instituto vuelven a quedar al descubierto.
Las intensas tormentas que azotaron Mendoza el último fin de semana no solo dejaron calles anegadas y complicaciones en numerosos puntos de la provincia. También volvieron a desnudar la escena que se ha vuelto preocupante costumbre: el Casino de Mendoza inundado como una pileta municipal.
En pleno desarrollo vendimial, cuando la provincia buscaba mostrar su mejor imagen ante miles de visitantes, las filtraciones en techos y sectores del edificio generaron una postal amarga y desoladora. Pisos y alfombras cubiertas de agua, recipientes improvisados para contener las goteras y trabajadores intentando sostener la actividad en condiciones precarias fueron parte del escenario.
El episodio reabre un debate que lleva años sin resolverse: la falta de inversiones del operador privado, que percibe cerca del 58% de la recaudación del juego, mientras las instalaciones muestran signos evidentes de deterioro estructural. El contraste entre la magnitud del negocio y el estado del edificio resulta cada vez más difícil de justificar.
Pero el problema no termina allí. A esta situación se suma la ausencia de respuestas concretas por parte de las autoridades del Instituto Provincial de Juegos y Casinos, presidido por Ida López, cuya gestión todavía no ha logrado dar una solución definitiva a un problema que se repite año tras año ante cada tormenta importante.
El saldo del episodio es tan simbólico como preocupante. Por un lado, personal expuesto a condiciones inseguras, obligados a desempeñar tareas en un edificio que evidencia graves fallas estructurales. Por otro, turistas que llegan a Mendoza encuentran con una imagen que dista mucho de la provincia moderna y ordenada que se intenta proyectar.
Cada lluvia vuelve a repetir la misma escena: un casino inundado, promesas que no llegan y una provincia que, en el momento en que debería lucirse ante el país y el mundo, termina mostrando una de sus postales más incómodas.