El reconocido actor reconvirtió una antigua propiedad rural en Callicoon en un modelo de autosuficiencia energética con paneles solares y producción orgánica; su experiencia directa frente a la industria del gas no convencional y el rol clave que tuvo en la prohibición del fracking en el estado de Nueva York.
Reconocido a nivel global por sus papeles protagónicos en el cine de Hollywood, Mark Ruffalo consolidó en paralelo un prolongado camino como activista ambiental que trasladó a su vida cotidiana. En la localidad de Callicoon, dentro de la región montañosa de las Catskills en el estado de Nueva York, el actor reconvirtió una propiedad familiar de más de 20 hectáreas en un modelo de sustentabilidad productiva, combinando la generación de energía a través de paneles solares con técnicas de cultivo orgánico.
La iniciativa rural de Ruffalo surgió como una respuesta práctica para demostrar la viabilidad técnica y económica de las energías renovables frente a la dependencia de los combustibles fósiles. El proyecto adquirió especial relevancia en medio de las intensas controversias que rodearon en la última década a la explotación de gas natural mediante la fracturación hidráulica (fracking) en el noreste de los Estados Unidos.
El compromiso ambiental del intérprete se profundizó a partir de 2008, cuando las compañías hidrocarburíferas comenzaron a desplegar masivas perforaciones sobre la formación geológica Marcellus Shale. Esta técnica, basada en la inyección a alta presión de agua, arena y aditivos químicos para fracturar formaciones rocosas y liberar el gas atrapado, desató serias preocupaciones en las comunidades locales por la posible contaminación de acuíferos subterráneos y la degradación del suelo.
En declaraciones a la organización Earthjustice, Ruffalo rememoró que el punto de quiebre ocurrió tras tomar contacto directo con pobladores de Dimock, Pensilvania, quienes denunciaron la inutilización del agua potable en sus pozos hogareños tras el avance de las empresas energéticas. Frente a lo que consideró una respuesta insuficiente por parte de las agencias estatales de control, el actor decidió utilizar su visibilidad pública para denunciar el impacto de la actividad extractiva en el entorno natural.
A lo largo de varios años, Ruffalo encabezó marchas, participó en audiencias públicas y articuló esfuerzos con asambleas vecinales, organizaciones no gubernamentales y la comunidad científica. La movilización social culminó en diciembre de 2014, cuando el gobierno del estado de Nueva York prohibió oficialmente el fracking tras la difusión de exhaustivos informes sanitarios y ambientales oficiales.
Sin embargo, la pugna por la protección de las cuencas hídricas sumó capítulos recientes. En febrero de 2024, legisladores y referentes ecológicos impulsaron una iniciativa para frenar intentos de sortear la veda estatal mediante el uso de dióxido de carbono (CO2) comprimido como fluido de fractura en lugar de agua. Ruffalo volvió a sumarse a las presentaciones públicas contra esta modalidad, alertando sobre los riesgos sanitarios y ambientales que plantea cualquier tecnología que perpetúe la extracción no convencional en el subsuelo.