El gobierno de California declaró el estado de emergencia tras una serie de marejadas que provocaron socavones en Malibú y destruyeron viviendas en Dana Point. Científicos advierten que la combinación de El Niño y mareas extremas agravará el impacto.

El litoral del sur de California enfrenta uno de los procesos de erosión costera más agresivos de las últimas décadas, un fenómeno que obligó a las autoridades estatales a declarar de forma preventiva el estado de emergencia. El impacto combinado de intensas marejadas desprendidas de ciclones en el Pacífico oriental y el fortalecimiento temprano del fenómeno de El Niño desató estragos a lo largo de toda la franja costera: en Malibú, el avance del océano abrió un socavón que puso en riesgo la propiedad del actor Nicolas Cage, mientras que sobre Beach Road, en la localidad de Dana Point, el oleaje demolió por completo una vivienda y forzó la clausura preventiva de otros 16 inmuebles residenciales.
La pérdida acelerada de franjas de arena golpea el corazón turístico y económico de ciudades como Carlsbad, donde balnearios tradicionales como la playa de Tamarack vieron desaparecer su superficie de arena prácticamente de un día para otro, dejando a la vista extensos pedregales y anegando estacionamientos públicos. La situación encendió las alarmas de los municipios locales, que obtienen hasta el 14% de sus presupuestos operativos a partir de los tributos hoteleros y ahora asisten a cancelaciones masivas de eventos frente al avance del agua marina.
El diagnóstico de los centros de investigación oceanográfica de la Universidad de California y la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA) sugiere que el escenario tenderá a agravarse de cara al cierre del año y los primeros meses de 2027. Los modelos climáticos anticipan la llegada a principios de octubre de una onda submarina Kelvin, una masa de agua cálida profunda que elevará temporalmente el nivel medio del mar entre 15 y 30 centímetros adicionales, sumándose a los casi 30 centímetros que la marea ya subió en la región durante el último siglo a causa del calentamiento global.
El riesgo se multiplicará cuando estas alteraciones oceanográficas coincidan con las denominadas mareas rey (king tides), potenciadas en esta fase por el ciclo nodal lunar de 18,6 años. A este combo se sumará la probable formación de ríos atmosféricos, temporales de lluvia torrencial característicos de los inviernos bajo la influencia de El Niño que aceleran el colapso de los acantilados sobre los que se asientan exclusivos vecindarios, reavivando el dilema estructural entre invertir sumas millonarias en obras de defensa artificial o replegar las construcciones ante el avance inexorable de la naturaleza.