Las fuerzas norteamericanas atacaron cerca de 90 objetivos militares, mientras que el gobierno iraní respondió golpeando bases aliadas con drones kamikaze. La diplomacia busca desescalar un freno comercial que ya afecta a miles de marinos.2
La disputa por el control del Estrecho de Ormuz sumó un capítulo crítico. Por segundo día consecutivo, Estados Unidos e Irán volvieron a intercambiar fuertes ataques militares, una escalada que pone en peligro directo a una de las vías marítimas más importantes del planeta. Para tomar dimensión de lo que está en juego, por este canal circulaba, antes de que estallara el conflicto, el 20% del petróleo y del gas natural licuado que se consume en todo el mundo, lo que explica la enorme preocupación de los mercados globales.
Por el lado de Washington, la ofensiva aérea apuntó a debilitar la capacidad operativa de las fuerzas iraníes para amenazar a los buques comerciales que transitan por la zona. Según informaron las autoridades estadounidenses, los bombardeos alcanzaron unos 90 objetivos militares estratégicos, incluyendo sistemas de defensa del aire, depósitos de misiles y drones. Del otro lado, la agencia oficial de noticias de Irán (IRNA) confirmó que las bombas cayeron en las afueras de la ciudad de Ahvaz, dejando un saldo de tres víctimas fatales y varios heridos.
El presidente norteamericano, Donald Trump, utilizó su plataforma Truth Social para dar por terminada la tregua y dejar una fuerte advertencia: aseguró que estas acciones son una represalia por los ataques iraníes a barcos comerciales y que, si la situación se repite, la respuesta de la Casa Blanca será mucho peor. Aunque el mandatario sugirió que desde Teherán lo llamaron con intenciones de abrir una negociación para alcanzar un acuerdo, terminó poniendo en duda un posible entendimiento al calificar los movimientos de la contraparte de manera informal.
La réplica de Irán no se hizo esperar. Los Guardianes de la Revolución, la fuerza de élite de ese país, confirmaron que lanzaron drones militares kamikaze contra bases estadounidenses en Baréin y Kuwait, afectando sistemas de misiles Patriot y tanques de combustible de aliados de Washington en el Golfo. Además, la televisión pública iraní reportó que los bombardeos norteamericanos destruyeron un puente ferroviario clave, obligando a suspender los servicios de trenes hacia la ciudad de Mashhad, justo donde estaba previsto el entierro del antiguo líder supremo Alí Jamenei.
El núcleo del conflicto pasa por las condiciones para navegar en la región. El jefe negociador de Irán, Mohamad Baqer Qalibaf, fue tajante al declarar que el Estrecho de Ormuz solo funcionará plenamente bajo las disposiciones y el control de su país. Teherán busca cobrar un peaje obligatorio y manejar las rutas de navegación, bajo la amenaza de atacar a cualquier embarcación que desobedezca las órdenes. Frente a esto, Estados Unidos y la comunidad internacional reclaman el libre tránsito absoluto de los barcos comerciales, sin la imposición de tasas ni impuestos.
Ante este panorama tan complejo, el secretario general de la ONU, António Guterres, hizo un llamado urgente para frenar la violencia y reanudar el diálogo de manera inmediata. Sin embargo, las gestiones diplomáticas avanzan a paso lento, sobre todo después de que Omán (el mediador tradicional entre ambos países) condenara los ataques a los buques pero evitara señalar culpables directos. Mientras las potencias miden fuerzas, el impacto logístico ya se hace sentir en los puertos: la Organización Marítima Internacional alertó que casi 6.000 marinos de distintas nacionalidades permanecen varados en la zona a la espera de un corredor seguro.