Un temporal de lluvias torrenciales provocó inundaciones y deslizamientos en el estado brasileño de Minas Gerais, con epicentro en Juiz de Fora y Ubá, dejando al menos 36 muertos, decenas de desaparecidos y cientos de evacuados.
Un violento temporal golpeó el estado de Minas Gerais, en el sureste de Brasil, donde lluvias extraordinarias para esta época del año provocaron el desborde de ríos y deslizamientos de tierra que arrasaron barrios enteros.
Las ciudades más afectadas fueron Juiz de Fora y Ubá, ubicadas a unos 300 kilómetros de Río de Janeiro. En ambas localidades, el agua avanzó con fuerza sobre zonas residenciales, arrastró vehículos y dejó calles cubiertas de lodo.
Según informaron autoridades locales y equipos de rescate, al menos 36 personas murieron como consecuencia del temporal, mientras que decenas permanecen desaparecidas bajo los escombros o en áreas de difícil acceso.
Los bomberos y brigadas de la Defensa Civil trabajan contrarreloj en la búsqueda de sobrevivientes, en medio de condiciones meteorológicas adversas que dificultan las tareas.
El avance del agua obligó a evacuar a cientos de vecinos, muchos de los cuales fueron trasladados a escuelas y centros comunitarios convertidos en refugios temporales. Varias rutas quedaron intransitables y algunos puentes sufrieron daños estructurales.
Las autoridades declararon el estado de emergencia en los municipios más afectados para acelerar la llegada de ayuda humanitaria y recursos logísticos.
Especialistas meteorológicos señalaron que las precipitaciones registradas superaron ampliamente los promedios históricos de febrero, saturando los suelos y aumentando el riesgo de nuevos deslizamientos.
El pronóstico anticipa más lluvias en los próximos días, lo que mantiene en alerta a las comunidades vulnerables y a los equipos de rescate que continúan trabajando en la zona.
Más allá del número de víctimas, la tragedia dejó miles de personas damnificadas, con pérdidas materiales significativas y barrios enteros afectados. La reconstrucción demandará meses de trabajo y una fuerte inversión pública.
La catástrofe reavivó el debate sobre la frecuencia creciente de fenómenos climáticos extremos en la región y la necesidad de fortalecer los sistemas de prevención y planificación urbana.