El gobierno de Irán rechazó las advertencias del presidente Donald Trump, calificó sus acusaciones como "mentiras" y aseguró que responderá ante cualquier agresión, aunque dejó abierta la puerta a una salida diplomática.
El gobierno de Irán respondió con firmeza a las recientes declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien advirtió que si fracasan las negociaciones sobre el programa nuclear iraní podría haber consecuencias graves.
Desde el Ministerio de Asuntos Exteriores de Irán calificaron los dichos del mandatario estadounidense como "grandes mentiras" y rechazaron las acusaciones de que el país persiga el desarrollo de armas nucleares con fines militares. Las autoridades iraníes insistieron en que su programa atómico tiene fines pacíficos y se enmarca en su derecho soberano.
En sus declaraciones, Trump había señalado que, de no alcanzarse un entendimiento, "será un muy mal día" para la República Islámica, en una clara señal de presión política y militar. La Casa Blanca dejó entrever que todas las opciones están sobre la mesa, incluida la vía armada.
La respuesta iraní no tardó en llegar. Funcionarios de Teherán afirmaron que cualquier agresión, sin importar su escala, será considerada un acto hostil y que el país está preparado para defender su territorio.
A pesar del cruce verbal, el gobierno iraní sostuvo que un acuerdo es posible si se prioriza la diplomacia y el respeto mutuo. En ese marco, las negociaciones sobre el programa nuclear continúan siendo el eje central de la disputa.
La tensión entre Washington y Teherán tiene repercusiones más allá del plano bilateral. El conflicto impacta en los mercados energéticos, en la estabilidad regional y en el equilibrio de fuerzas en Medio Oriente.
La comunidad internacional observa con cautela el desarrollo de los acontecimientos, consciente de que cualquier movimiento brusco podría desencadenar consecuencias políticas y económicas de alcance global.