La escalada bélica entre Estados Unidos e Irán disparó el crudo Brent hasta los 85 dólares y sepultó las expectativas de un descenso en los surtidores locales. La estrategia de "amortiguación" de YPF para compensar los atrasos acumulados.
La ilusión de ver una rebaja en los carteles de las estaciones de servicio argentinas se desvaneció por completo en las últimas horas debido a los nuevos ruidos geopolíticos que sacuden al planeta. El recrudecimiento de los ataques militares de Estados Unidos contra objetivos iraníes cerca del estrecho de Ormuz, sumado al virtual bloqueo de esa vía marítima clave, empujó la cotización del petróleo Brent de referencia internacional por tercer día consecutivo, estabilizándolo en torno a los 85 dólares por barril. De esta manera, el mercado energético global acumuló una disparada superior al 11% en solo dos jornadas de operaciones, una reacción en cadena que sepulta cualquier expectativa de alivio inmediato para los conductores en el plano doméstico.
El impacto de este temblor internacional se siente de forma directa en el bolsillo de los consumidores locales. En la Ciudad de Buenos Aires, el distrito con los valores más competitivos del país debido a la alta densidad de oferta, el litro de nafta súper promedia esta semana un valor de 2047 pesos, lo que representa un encarecimiento acumulado del 30,7% en comparación con los 1566 pesos con los que se inició el corriente año. En términos reales, esta actualización sostenida de las pizarras significa que llenar por completo un tanque de combustible estándar de 50 litros pasó de costar 78.300 pesos a demandar un presupuesto que ya roza los 102.000 pesos en la actualidad.
Detrás de la llamativa estabilidad que muestran los precios en los surtidores desde principios de junio existe una decisión financiera sumamente calculada por parte de YPF, compañía de mayoría estatal que controla el 55% del despacho de combustibles del país.
Durante el pico de mayor virulencia del conflicto bélico en Oriente Medio, cuando el barril de crudo llegó a rozar los 118 dólares, la petrolera nacional optó por no trasladar todo ese incremento a los consumidores, absorbiendo el golpe financiero de manera provisoria. Este esquema de "amortiguación", que dejó una brecha de atraso tarifario cercana al 15% respecto de los precios de paridad de importación, será cobrado ahora: los precios en las estaciones de servicio se mantendrán inalterados aunque el petróleo internacional baje, con el objetivo de compensar aquella diferencia que la firma estatal absorbió previamente.
Al funcionar YPF como el regulador informal y absoluto del mercado energético argentino, el resto de las compañías operadoras del sector privado como Shell (19% de participación), Axion (14%) y Puma Energy (5%) se ven obligadas a replicar casi de forma idéntica este mecanismo de compensación tarifaria para evitar perder terreno frente al líder del segmento. De acuerdo con las proyecciones financieras que maneja la conducción de la petrolera de bandera, el horizonte de precios más bajos para los combustibles recién llegará a partir del año 2027. En esa línea de largo plazo, se avanza en paralelo en un proceso de reducción de costos operativos y en proyectos de transición de vanguardia, como un reciente acuerdo sellado con Tesla para instalar cargadores de vehículos eléctricos y baterías alimentadas por paneles solares en su red de estaciones.