El deterioro del poder adquisitivo se consolida en el inicio del año y expone tensiones entre inflación, negociación salarial y mercado laboral.
El Gobierno reconoce que los salarios de los trabajadores formales perdieron poder adquisitivo en el primer trimestre de 2026, en un contexto de aceleración inflacionaria que volvió a presionar sobre los ingresos.
Sin embargo, en paralelo abrió una discusión clave: desde el oficialismo sostienen que las paritarias ya no reflejan completamente la evolución real de los salarios, ya que no contemplan pagos variables como bonos, premios o adicionales.
Este planteo se enmarca en la visión del Ejecutivo de avanzar hacia esquemas más flexibles de negociación, en línea con la reforma laboral que impulsa.
Los datos muestran un arranque de año adverso. Según estimaciones del CETyD de la Universidad Nacional de San Martín, los acuerdos salariales del sector privado registraron aumentos promedio de 1,7% en enero, 0,8% en febrero y 2,3% en marzo.
En ese mismo período, la inflación fue de 2,9%, 2,9% y 3,4%, respectivamente, lo que implica una pérdida sistemática del poder adquisitivo.
En línea con estos datos, un informe oficial de la Secretaría de Trabajo indicó que el salario promedio de los principales convenios colectivos cayó 2% en términos reales en marzo y acumula una baja de 5% interanual.
Además, solo cinco de los 27 convenios relevados lograron empatar o superar la inflación en ese mes, mientras que el resto quedó rezagado.
La tendencia no es nueva: en siete de los últimos ocho meses se registró una caída del salario real en promedio.
Desde el Gobierno plantean que las paritarias muestran solo una parte de la realidad. Argumentan que estos acuerdos reflejan los salarios básicos, pero no siempre incluyen componentes variables como horas extras, bonos o incentivos.
Por eso ponen el foco en los datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), que mide las remuneraciones efectivamente pagadas por las empresas. Según esa medición, el salario medio del empleo privado registrado muestra una leve mejora respecto al inicio de la actual gestión.
Esta diferencia entre indicadores explica por qué conviven lecturas opuestas sobre la evolución salarial, dependiendo de qué variable se analice.
Más allá de la discusión metodológica, el deterioro del poder adquisitivo se da en un contexto complejo: aumento del gasto en servicios, caída del empleo formal y crecimiento del trabajo independiente.
Según distintos análisis, el peso de los gastos no discrecionales -como tarifas, transporte y vivienda- pasó de representar el 31% del ingreso a cerca del 40% en los últimos años, reduciendo el dinero disponible para consumo.
En paralelo, el mercado laboral también muestra señales de cambio, con una caída del empleo formal y un aumento del trabajo por cuenta propia, en un escenario donde la informalidad se mantiene elevada.
En este marco, la evolución de los salarios dependerá en gran medida de la capacidad de la economía para desacelerar la inflación y reactivar la actividad en los próximos meses.