El gobierno de Benjamin Netanyahu calificó de "grotesca" la distinción concedida a la abogada sudafricana, quien encabezó la comisión investigadora de la ONU que denunció la comisión de genocidio en la Franja de Gaza.
El Gobierno de Israel expresó una enérgica condena tras la adjudicación del Premio Nobel de la Paz a la jurista sudafricana Navanethem “Navi” Pillay, ex Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. La administración encabezada por el primer ministro Benjamin Netanyahu cuestionó con dureza la decisión del Comité noruego, acusándolo de otorgar legitimidad a lo que definió como una campaña de hostigamiento contra el Estado hebreo.
La tensión se originó a partir del rol de Pillay como presidenta de la comisión de investigación independiente creada por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, instancia que en 2025 concluyó que las operaciones militares israelíes en la Franja de Gaza constituían un genocidio. En un comunicado oficial emitido por la Cancillería israelí, las autoridades calificaron el reconocimiento como una maniobra inaceptable: “Otorgarle el Premio Nobel de la Paz a Pillay no es un reconocimiento de la justicia. Es el uso grotesco de un premio como arma para legitimar el odio y los prejuicios contra Israel”.
Frente a la controversia diplomática, el titular del Comité Nobel, Jorgen Watne Frydnes, buscó distanciar el galardón de los debates técnicos en curso y aclaró que la entrega de la distinción no convalida jurídicamente la calificación de genocidio atribuida a los mandos de Tel Aviv. “Confiamos plenamente en su profesionalismo y su integridad, pero se trata del trabajo de una comisión de investigación de la ONU. La decisión corresponderá a la Corte Internacional de Justicia; el Comité Nobel no es un tribunal”, remarcó Frydnes.
A lo largo de su mandato en el panel de investigación, Pillay coordinó el envío de volúmenes probatorios a la Corte Penal Internacional (CPI) para el análisis de eventuales responsabilidades penales de la cúpula política y militar israelí, señalamientos que Israel rechazó sistemáticamente tras negarse a cooperar con las delegaciones del organismo.
Nacida en Durban en 1941, de ascendencia tamil, Pillay inició su carrera jurídica en el contexto de la segregación racial sudafricana, convirtiéndose en la primera mujer no blanca en abrir un estudio jurídico en su ciudad natal y en una defensora clave de los presos políticos alojados en Robben Island, penal donde estuvo recluido Nelson Mandela.
Con el advenimiento de la democracia en 1994, Mandela promovió su designación en el Tribunal Superior sudafricano y posteriormente en el Tribunal Penal Internacional para Ruanda. En 1998, integró el tribunal que sentó jurisprudencia histórica al catalogar por primera vez a la violación sexual sistemática como un crimen de genocidio. Entre 2008 y 2014 ejerció la titularidad del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, etapa en la que denunció las represalias contra civiles en Siria y Libia, desempeño que la consolidó como una de las figuras más determinantes del derecho internacional humanitario.