El actual mandatario lidera por un estrecho margen para la primera vuelta del domingo, pero las encuestas prevén un balotaje el 25 de octubre contra el senador Flavio Bolsonaro con un empate técnico (47,6% a 47,7%). El costo de vida, el crimen y un escándalo bancario marcan el tramo final.

La campaña presidencial de Brasil concluye este jueves en un escenario de extrema polarización política de cara a los comicios generales de este domingo, una elección bisagra que determinará si la principal economía de Sudamérica reafirma la continuidad de la centroizquierda o consolida el giro conservador regional. Aunque los sondeos proyectan que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva obtendrá una leve ventaja en primera vuelta dentro de una grilla de 13 postulantes, las estimaciones descartan que alcance la mitad más uno de los votos válidos para evitar una segunda vuelta fijada para el 25 de octubre.
En el previsible balotaje, Lula —quien busca acceder a un cuarto mandato no consecutivo— enfrentará al senador Flavio Bolsonaro, primogénito del expresidente Jair Bolsonaro. La medición de la consultora Atlas reflejó la paridad absoluta del electorado con miras al desenlace, ubicando al líder del Partido de los Trabajadores con un 47,6% frente al 47,7% del legislador de derecha, diluyendo la cómoda ventaja que el oficialismo ostentaba a principios de año en medio del avance del costo de vida, el endeudamiento de las familias y la preocupación ciudadana por la inseguridad.
La pugna electoral también expuso visiones geopolíticas antagónicas. Mientras Lula denunció presiones de Washington y priorizó el vínculo comercial con China para resguardar la autonomía regional frente a los aranceles de la administración de Donald Trump, la familia Bolsonaro apeló a sus aceitados vínculos con la Casa Blanca como respaldo internacional. Para frenar el retroceso de intención de voto y convencer al 5% de indecisos, el gobierno de Lula desplegó un paquete de medidas que incluyó ampliaciones en programas de asistencia social, alivio para deudores y restricciones sobre las apuestas virtuales.
Por otro lado, la agenda de seguridad y los escándalos judiciales dominaron los debates de cierre. Flavio Bolsonaro prometió implementar cárceles de máxima seguridad al estilo de las megaprisiones de El Salvador, mientras busca despegarse de las sospechas por lavado vinculadas al fraude multimillonario del intervenido Banco Master, caso que también salpicó a jueces de la Corte Suprema. Lula, por su parte, debió sortear el desgaste político provocado por la investigación federal abierta contra su hijo Fabio Luis por presunto tráfico de influencias, en una contienda abierta donde cualquier revelación de último momento puede inclinar la balanza.