Ottawa activó aranceles de entre el 15% y el 50% sobre bienes estadounidenses en respuesta a las tarifas impuestas por la Casa Blanca a fines de agosto.

El conflicto comercial entre Canadá y Estados Unidos alcanzó este martes un nuevo punto de fricción tras la entrada en vigor del paquete de aranceles de represalia implementado por el gobierno canadiense. La medida dispuesta por Ottawa responde directamente a los gravámenes extraordinarios fijados por Washington a finales de agosto y aplica alícuotas escalonadas del 15%, 25% y 50% sobre un total de USD 20.000 millones en importaciones estadounidenses. El impacto comprende a sectores estratégicos como el acero, los derivados lácteos, los artículos electrónicos y la pulpa de papel, un volumen que según las autoridades canadienses replica con exactitud el perjuicio ocasionado por las tasas del 50% que la administración de Donald Trump aplicó el pasado 22 de agosto.
La crisis bilateral se desató tras la ruptura formal de las negociaciones en Washington el 21 de agosto por decisión del primer ministro canadiense, Mark Carney. El mandatario denunció que la Casa Blanca pretendía imponer un acuerdo con condiciones desfavorables diseñado para subordinar la economía local, asfixiar su entramado productivo y desarticular la industria automotriz. Entre los motivos del quiebre diplomático, Carney señaló además los condicionamientos planteados por los negociadores estadounidenses respecto al idioma francés, los cuales amenazaban el régimen de etiquetado bilingüe y las normas de protección para medios francófonos, si bien la delegación norteamericana desestimó esos cuestionamientos.
Con las tratativas diplomáticas congeladas, las últimas dos semanas estuvieron marcadas por un constante intercambio de agravios. Como respuesta previa al despliegue tarifario de Ottawa, Trump advirtió a través de la red Truth Social con bloquear de forma absoluta las operaciones comerciales del fabricante aeronáutico Bombardier en territorio estadounidense. La ofensiva discursiva de Washington ya había sumado intervenciones del secretario del Tesoro, Scott Bessent, y del secretario de Defensa, Pete Hegseth, quienes ironizaron sobre el equipamiento militar de Ottawa. Frente a ello, Carney calificó las declaraciones como indignas e instó a la administración republicana a abandonar los memes y negociar con seriedad. La fricción sumó además un condimento simbólico tras la orden ejecutiva de Trump para rebautizar como "lago América" al binacional lago Ontario y sus advertencias de duplicar las tarifas a los automóviles canadienses del 25% al 50% desde el 1 de enero.
La postura adoptada por Carney cuenta con respaldo social mayoritario pero representa una jugada de alto riesgo económico por la dependencia estructural del país vecino. Cerca del 60% de las importaciones de Canadá provienen del mercado estadounidense y aproximadamente el 70% de sus exportaciones tienen como destino esa plaza. Para mitigar las distorsiones inmediatas y contener el impacto sobre la actividad productiva, el gobierno canadiense habilitó un paquete de asistencia financiera por 7.500 millones de dólares canadienses (unos USD 5.400 millones) destinado a las empresas y trabajadores más perjudicados por el recrudecimiento de la disputa.