La organización palestina anunció el fin del órgano que manejó los ministerios por más de una década para facilitar la transición a un comité respaldado por Washington. El escepticismo de la Casa Blanca y la ofensiva militar en el terreno.
El proceso de transición institucional y pacificación en el Medio Oriente registró un movimiento político de alta repercusión diplomática. La organización Hamás anunció oficialmente este lunes la disolución de su gobierno de facto en la Franja de Gaza, manifestando su disposición para traspasar el control administrativo de los ministerios públicos a un comité de tecnócratas palestinos independientes, como medida de presión para que el Estado de Israel cumpla con las cláusulas pendientes del plan de paz respaldado por los Estados Unidos.
La disolución del denominado Comité de Emergencia Gubernamental -el órgano político que rigió la administración civil del enclave por más de diez años- constituye uno de los pilares del esquema postguerra diseñado por la administración de Donald Trump. No obstante, los voceros de Hamás aclararon que el personal técnico de las carteras y las fuerzas de seguridad interna permanecerán bajo su tutela directa en los territorios de la Franja que todavía se encuentran bajo el control operativo de sus milicias.
La reacción de los veedores internacionales frente al anuncio combinó la cautela institucional con la desconfianza política. La Junta de Paz designada por la Casa Blanca para monitorear el alto el fuego emitido en octubre advirtió de forma taxativa que evaluará la seriedad del proceso sobre la base de acciones concretas y no de promesas discursivas, mientras que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, optó por mantener un hermético silencio oficial desde Tel Aviv.
El traspaso de mando se ejecutará en favor del Comité Nacional para la Administración de Gaza, un cuerpo de 15 tecnócratas liderado por Ali Shaath. El funcionario palestino ratificó la preparación de sus equipos para asumir las funciones ejecutivas, aunque condicionó el éxito de la gestión a la unificación de una sola autoridad legal y al desarme progresivo de las facciones políticas, un requisito que choca de frente con la negativa de las brigadas islámicas a entregar sus fusiles.
El panorama político contrasta de forma violenta con la realidad militar y social que impera en el territorio no convencional de la Franja. Las fuerzas armadas de Israel mantienen el control operativo de más del 60% del territorio de Gaza a través de zonas de exclusión de patrullaje, una presencia soberana que Netanyahu ratificó como permanente bajo el argumento técnico de neutralizar incursiones de milicianos armados similares a las registradas el pasado 7 de octubre de 2023.
En el plano humanitario, la persistencia de las hostilidades aéreas arrojó un saldo trágico con la muerte de cinco ciudadanos civiles en las últimas horas de este lunes. Equipos médicos del enclave informaron que un bombardeo de la aviación israelí destruyó un departamento familiar en el barrio de Tel Al-Hawa, al tiempo que otros dos impactos de artillería hicieron blanco sobre campamentos de refugiados en la localidad permanente de Jan Yunis, dejando decenas de heridos en una Franja que sigue en ruinas.