Con más de 1700 muertos y miles de desaparecidos, organismos internacionales advierten por el riesgo de brotes de enfermedades, colapso de hospitales y escasez de alimentos en las zonas más afectadas.
Las operaciones de rescate y ayuda continúan en Venezuela tras el doble terremoto que dejó decenas de miles de desaparecidos y al menos 1700 muertos, mientras agencias de la ONU advierten sobre una acuciante escasez de alimentos y un creciente riesgo de enfermedades.
La tragedia dejó un panorama de devastación en el país sudamericano, donde la población denuncia la lentitud de la respuesta del gobierno en un contexto de crisis estructural prolongada.
La NASA estimó que más de 58.000 edificios resultaron probablemente dañados o destruidos por los terremotos, según una evaluación preliminar de datos satelitales.
Mientras se reducen las posibilidades de encontrar sobrevivientes tras cinco días del desastre, la atención humanitaria se desplaza hacia la asistencia de personas sin hogar y la prevención de crisis sanitarias.
"Estamos durmiendo en el piso porque no tengo colchonetas", relató una mujer en Catia la Mar, estado La Guaira.
En esa región, la más afectada, "la escasez de comida está extendida y los servicios básicos se han colapsado", advirtió el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados.
El vocero de la Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó sobre la presión extrema en el sistema sanitario y el riesgo de brotes de enfermedades prevenibles como sarampión, difteria y tos ferina.
El balance oficial alcanzó los 1719 muertos y 5034 heridos, aunque se advierte que la cifra podría ser mayor.
El coordinador de Naciones Unidas en Venezuela señaló que se están gestionando 10.000 bolsas para cadáveres, mientras se estima que alrededor de 50.000 personas siguen desaparecidas.
La OMS advirtió que los sistemas de salud operan por encima de su capacidad, con hospitales afectados en varias regiones y una fuerte presión sobre el personal médico.
También alertó sobre el riesgo de enfermedades transmitidas por agua y vectores, como dengue, zika, chikungunya, malaria y fiebre amarilla.
Según el organismo, 38 hospitales resultaron afectados, con distintos niveles de daño estructural y operativo.
Las primeras evaluaciones reflejan colapso de morgues, saturación de servicios forenses y dificultades en el registro de víctimas.
ACNUR advirtió sobre un aumento drástico de las necesidades humanitarias, con escasez generalizada de alimentos y colapso de servicios básicos en las zonas afectadas.
El 75% de los encuestados reportó heridos en sus comunidades y el 56% fallecidos, según una evaluación rápida en varios estados del país.
La mitad de los afectados se aloja con familiares o vecinos, mientras que el 39% permanece en la calle o espacios públicos.
Los refugios improvisados no cumplen condiciones mínimas de habitabilidad, con problemas de higiene, privacidad y seguridad, especialmente para menores no acompañados.
En paralelo, se reportan interrupciones en telecomunicaciones y dificultades de conectividad en zonas centrales del país, lo que complica la coordinación de la respuesta humanitaria.
En ese contexto, se registraron bloqueos parciales de redes sociales, generando nuevas tensiones en medio de la emergencia.