El FBI desarticuló un presunto plan para atacar un evento de UFC en la Casa Blanca. Cinco hombres fueron acusados y la investigación continúa abierta.
El FBI frustró un presunto plan para atacar un evento de artes marciales mixtas realizado en la Casa Blanca, al que asistieron el presidente Donald Trump, altos funcionarios de su gobierno y miles de invitados.
Según informaron el Departamento de Justicia y la policía federal estadounidense, el supuesto complot incluía el uso de drones con explosivos y francotiradores. Las autoridades aseguraron que el ataque fue desbaratado antes de que pudiera ejecutarse.
El Departamento de Justicia anunció cargos contra cinco hombres, de entre 19 y 32 años, procedentes de Ohio, Missouri, Nebraska y California.
De acuerdo con documentos judiciales, los sospechosos habrían discutido la posibilidad de lanzar drones sobre la Casa Blanca durante el evento de la Ultimate Fighting Championship, con el objetivo de provocar una evacuación y luego disparar contra "objetivos de alto valor" entre el público.
También se mencionaba una eventual "segunda oleada" para intentar forzar el ingreso al predio.
"El FBI, nuestros aliados de la policía y nuestros fiscales hicieron lo que hacen todos los días para mantener seguro a Estados Unidos, a través de su rápida respuesta y vigilancia para investigar el supuesto complot y frenarlo antes de que fuera ejecutado", declaró el fiscal general Todd Blanche.
El director del FBI, Kash Patel, también destacó la operación. "Gracias a la rápida actuación del FBI, de nuestros socios y del Departamento de Justicia en una operación que abarcó varios estados, varias personas están ahora bajo custodia y los ataques supuestamente planificados fueron frenados en seco", escribió en X.
El evento "UFC Freedom 250" se realizó el domingo en una arena temporal montada en el Jardín Sur de la Casa Blanca. La actividad coincidió con el cumpleaños número 80 de Trump y fue presentada como el inicio de las celebraciones por los 250 años de la independencia de Estados Unidos.
Según los documentos judiciales, los investigadores recuperaron armas de fuego de alto poder en poder de varios sospechosos y revisaron mensajes cifrados en los que un grupo de alrededor de 20 personas compartía mapas, imágenes aéreas del área, rutas de escape y posibles lugares de resguardo.
De todos modos, los registros también muestran que no está claro hasta qué punto el plan estaba cerca de concretarse. Algunos de los sospechosos o presuntos cómplices interrogados dijeron que no tenían intención de cometer actos violentos, sino de observar o acompañar a otros.
El vicepresidente JD Vance buscó relativizar el alcance del complot. "Ni siquiera estuvo cerca del punto de ejecución", dijo en Fox News. Según afirmó, la planificación "no estaba tan avanzada".
El FBI tomó conocimiento de la posible amenaza el 10 de junio, cuatro días antes del espectáculo. La alerta inicial surgió cuando la madre de uno de los detenidos, Tycen Proper, de 19 años y oriundo de Ohio, contactó a la policía preocupada por las armas que su hijo habría adquirido y por sus comunicaciones en internet.
Según la declaración jurada del FBI, Proper habría acumulado armas de fuego, miles de municiones y equipo táctico en su casa, e identificado posibles blancos, incluidos varios miembros del Congreso. El joven está acusado de delitos vinculados con armas e intento de asesinato de un funcionario o empleado de Estados Unidos.
Los investigadores indicaron que parte de la coordinación se realizaba a través de Signal y que algunos contactos iniciales entre los miembros del grupo se remontaban a marzo, cuando se comunicaban mediante un grupo de TikTok llamado "Vanguard of the Old".
Según el FBI, los participantes expresaban una mezcla de ideas antigubernamentales, agravios antisemitas, teorías conspirativas y enojo por la gestión de los archivos vinculados al fallecido financista Jeffrey Epstein.
"Los miembros del grupo declararon que querían proteger a Estados Unidos, que creían que se dirigía en la dirección equivocada", señala la declaración jurada. "Creían que Estados Unidos necesitaba ser desbaratado para que pudiera ser reconstruido".
Otro de los acusados, Michael Alan Thomas, de 32 años y residente en California, se habría definido ante los investigadores como "planificador y asesor" del grupo. Según el FBI, dijo que no estaba dispuesto a ejecutar ataques personalmente, pero sí a guiar a otros para llevarlos adelante con el objetivo de derrocar al gobierno.
También fueron acusados Daniel K. Eskridge, de 32 años y residente en Missouri; Abraham Hermosillo Alvarez, de Omaha, Nebraska; y Bryan Omar Roa, también de California.
El Servicio Secreto afirmó que trabajó estrechamente con el FBI durante toda la investigación para identificar a los responsables. Las autoridades indicaron que el caso continúa abierto y defendieron la decisión de no revelar antes la amenaza para proteger el operativo de seguridad.