A un mes de la confirmación de los primeros casos, el brote de ébola en el este de Congo ya dejó 782 contagios confirmados y 181 muertes. Médicos Sin Fronteras advirtió que las cifras oficiales podrían subestimar la magnitud real de la epidemia.
A un mes de la confirmación de los primeros casos de ébola en el este de la República Democrática del Congo, la verdadera escala del brote todavía es desconocida. Trabajadores sanitarios, organizaciones humanitarias y funcionarios locales advierten que existen grandes vacíos de información, dificultades para hacer testeos y episodios de resistencia comunitaria que complican la respuesta.
Hasta el momento, las tres provincias afectadas en el este del país registraron 782 casos confirmados y 181 muertes, lo que convierte a este brote en el tercero más letal de ébola desde que existen registros.
Sin embargo, organizaciones médicas sostienen que las cifras oficiales probablemente no reflejan la magnitud real de la crisis. Médicos Sin Fronteras advirtió que el número de contagios y fallecimientos podría estar subestimado debido a fallas en la detección, demoras en los resultados y zonas donde las autoridades sanitarias no logran acceder con regularidad.
"Nadie conoce la verdadera escala ni exactamente dónde se está propagando la enfermedad en la República Democrática del Congo", afirmó Kate White, coordinadora médica de emergencia de Médicos Sin Fronteras, organización que opera centros de tratamiento en el este del país.
Uno de los principales problemas es la capacidad de diagnóstico. Según Médicos Sin Fronteras, el testeo continúa siendo una de las mayores debilidades de la respuesta sanitaria. Muchas comunidades, especialmente aquellas atravesadas por conflictos armados, no cuentan con acceso suficiente a kits de prueba.
Además, los centros de tratamiento enfrentan demoras importantes para recibir resultados de laboratorio, lo que dificulta aislar casos, confirmar contagios y contener cadenas de transmisión.
Un alto funcionario de salud pública congoleño explicó que los problemas no se limitan al testeo. Según indicó, los datos llegan desde tres fuentes diferentes: laboratorios, hospitales y centros de tratamiento, y equipos de vigilancia epidemiológica. Armonizar esa información resulta complejo y puede generar distorsiones.
En algunos casos, los contagios podrían estar sobrecontados si una misma persona cruza distintas zonas sanitarias y es testeada más de una vez. Pero, al mismo tiempo, muchas personas mueren en sus comunidades sin llegar nunca al sistema de salud, por lo que no son registradas oficialmente.
El mismo funcionario sostuvo que, según su evaluación, el virus podría haber comenzado a circular en febrero, varios meses antes de la confirmación oficial del brote.
La brecha entre las cifras nacionales y la realidad en terreno ya aparece en algunos distritos sanitarios.
En la zona de salud de Nizi, en la provincia de Ituri, Reuters informó que dos personas murieron en un campamento de desplazados entre el 31 de mayo y el 1 de junio, según un reporte de la agencia de Naciones Unidas para los refugiados.
El médico jefe de esa zona, Jean-Claude Lonzama, afirmó que desde la declaración del brote se registraron allí 19 casos positivos y 17 muertes. Sin embargo, el último informe nacional publicado por las autoridades sanitarias contabilizaba solo 11 casos y una muerte para esa área.
Dieudonné Mwamba, director general del Instituto Nacional de Salud Pública de Congo, señaló que los reportes oficiales se actualizan regularmente a medida que ingresa nueva información.
A las dificultades de registro se suma la resistencia comunitaria, que en algunos casos derivó en episodios violentos contra equipos sanitarios.
El domingo, fuerzas de seguridad dispararon tiros de advertencia y gases lacrimógenos durante un funeral en Mongbwalu para dispersar a una multitud que intentaba quedarse con el cuerpo de una presunta víctima de ébola, según funcionarios y material verificado por Reuters.
La Organización Mundial de la Salud advirtió que este tipo de incidentes representa una amenaza en toda la región. El organismo también citó un ataque ocurrido dos semanas atrás contra un equipo de entierro seguro en Kivu del Sur, que obligó a los trabajadores sanitarios a abandonar un cuerpo antes de completar los protocolos de seguridad.
También se registraron pacientes que escaparon de centros de tratamiento o aislamiento. La OMS contabilizó al menos cuatro incidentes de este tipo durante la primera semana de junio.
Médicos Sin Fronteras señaló que la desconfianza hacia la respuesta sanitaria está extendida en Ituri. Para intentar reconstruir vínculos con las comunidades, las autoridades congoleñas indicaron que los equipos de entierro seguro buscarán incluir a un familiar en los preparativos, con el objetivo de generar mayor confianza.
La Organización Mundial de la Salud también advirtió que la capacidad hospitalaria para tratar y aislar pacientes con ébola es insuficiente.
Actualmente existen solo 14 instalaciones y centros de tratamiento distribuidos en nueve zonas sanitarias de las provincias de Ituri, Kivu del Norte y Kivu del Sur. Sin embargo, el brote ya alcanzó 31 de al menos 90 zonas sanitarias de esas tres provincias.
En Nizi, la ausencia de centros de tratamiento o aislamiento hace que muchos pacientes regresen a sus comunidades y mueran allí, según explicó el médico jefe Jean-Claude Lonzama.
Médicos Sin Fronteras advirtió que la ventana para contener el brote se está reduciendo. El peor antecedente de ébola ocurrió en África Occidental entre 2014 y 2016, cuando murieron más de 11.000 personas.
"El diagnóstico, la vigilancia, el acceso a la atención y la participación comunitaria deben fortalecerse con urgencia", sostuvo Frederic Lai Manantsoa, coordinador de emergencia de Médicos Sin Fronteras en Congo.
El especialista pidió a las autoridades y a todos los actores involucrados facilitar el movimiento de trabajadores sanitarios y suministros para permitir una respuesta acorde con la magnitud de la crisis.