Nadia Marcinko fue pareja de Jeffrey Epstein durante años y una de las mujeres incluidas como "potenciales coconspiradoras" en el acuerdo judicial de 2008. Aunque nunca fue acusada formalmente de un delito, legisladores de Estados Unidos analizan revisar su papel.
Nadia Marcinko, una de las exparejas más importantes de Jeffrey Epstein después de Ghislaine Maxwell, podría volver a quedar bajo la lupa en Estados Unidos pese a haber sido incluida en un acuerdo judicial que le otorgó inmunidad en 2008.
Marcinko, nacida en Eslovaquia, fue pareja de Epstein durante unos siete años y más tarde trabajó como copiloto asistente de su avión privado. Aunque su nombre es menos conocido públicamente, aparece dentro del grupo de cuatro mujeres señaladas como "potenciales coconspiradoras" en el acuerdo que permitió a Epstein evitar cargos federales más graves en aquel momento.
Durante el primer período de Epstein en prisión, por solicitar sexo a una menor, los registros penitenciarios muestran que Marcinko lo visitó al menos 67 veces. Según una investigación de la BBC, los correos electrónicos entre ambos muestran una relación marcada por dependencia, control y también por pedidos de Epstein para que ella buscara otras mujeres.
Marcinko nunca fue acusada ni imputada por ningún delito. Sus abogados sostienen que fue una de las víctimas de Epstein. Sin embargo, mujeres que declararon haber sido abusadas cuando eran menores en Palm Beach, Florida, dijeron a la Policía que ella habría participado en esos abusos.
La BBC accedió a documentos y correos que muestran una relación profundamente desigual. Marcinko conoció a Epstein en 2003, cuando tenía 18 años, durante una fiesta organizada por Jean-Luc Brunel, empresario vinculado al mundo del modelaje y cercano al financista. Epstein tenía entonces 50 años.
Según el testimonio que Marcinko habría brindado a investigadores, ella sentía que Epstein podía lograr su deportación con una llamada, ya que su visa dependía del entorno de Brunel, cuya agencia recibía apoyo financiero del propio Epstein.
Los correos también exponen rasgos de control. Epstein le indicaba qué debía aprender, cómo organizar una casa, qué leer, qué objetos podían ingresar al hogar e incluso, según ella declaró después, controlaba su peso, su ropa y la habría obligado a someterse a múltiples cirugías estéticas. Marcinko también relató episodios de violencia física, como ahorcamientos y una caída por una escalera provocada por Epstein.
El caso volvió a cobrar relevancia porque dos exasistentes de Epstein, Sarah Kellen y Lesley Groff, están próximas a ser interrogadas por legisladores estadounidenses. Una congresista pidió que las cuatro mujeres incluidas en el acuerdo de 2008 -Kellen, Groff, Adriana Ross y Marcinko- sean investigadas pese a la inmunidad recibida.
La discusión legal y moral es compleja. La investigación periodística señala que hay evidencia de que Epstein le pedía a Marcinko reclutar mujeres y que ella cumplía esos pedidos. En un correo de 2006, ella escribió que intentaría encontrar chicas cuando estuvieran en Nueva York. Sin embargo, la BBC indicó que no encontró pruebas en los archivos de que ella le hubiera presentado menores de edad.
Aun así, el reclutamiento de adultas mediante engaño para fines de explotación puede ser considerado trata, según especialistas citados en la investigación.
La relación entre Marcinko y Epstein terminó alrededor de 2010, después de un episodio de violencia especialmente grave, según declaró ella ante investigadores. Sin embargo, ambos mantuvieron contacto durante años. Ella copiloteó vuelos de su avión privado, obtuvo trabajos en aviación con ayuda de Epstein y en 2015 él habría aceptado duplicar cualquier ingreso que ella obtuviera por fuera.
En 2018, Marcinko comenzó a cooperar con el FBI. Años después, la agencia respaldó su solicitud para permanecer en Estados Unidos tras el vencimiento de su visa y sostuvo que había sido "reclutada, albergada y obtenida" por Epstein y otros con fines de una relación sexual coercitiva.
Desde la muerte de Epstein en prisión en 2019, Marcinko desapareció de la vida pública. Su abogado afirmó anteriormente que quiere hablar algún día sobre su victimización y ayudar a otros sobrevivientes, aunque por ahora se encuentra enfocada en su recuperación.
El caso vuelve a poner sobre la mesa una pregunta sensible: hasta qué punto una persona sometida a coerción puede ser considerada responsable por actos cometidos dentro de una estructura de abuso y control.
Fuente: BBC News.