El Gobierno de Donald Trump revocó una regulación que fijaba límites a las emisiones de gases de efecto invernadero provenientes de grandes fuentes industriales, en un movimiento que abre polémica sobre las políticas ambientales de Estados Unidos en el contexto de la crisis climática global.
El Gobierno del presidente Donald Trump anunció este jueves la revocación de una regulación destinada a limitar las emisiones de gases de efecto invernadero por parte de grandes industrias y centrales de energía en Estados Unidos. La medida fue confirmada en una declaración oficial de la Casa Blanca, generando críticas desde sectores ecologistas y partidarios de políticas climáticas más estrictas.
La norma en cuestión había sido diseñada para imponer techos a las emisiones de dióxido de carbono y otros gases contaminantes, con el objetivo de avanzar en compromisos ambientales que reduzcan el impacto del país sobre el calentamiento global. Su revocación se enmarca en una política más amplia del Gobierno estadounidense de reducir regulaciones ambientales en favor de permitir mayor flexibilidad para el sector industrial.
Desde la Casa Blanca se defendió la medida argumentando que las restrictivas exigencias ambientales contenidas en la regulación dificultaban la competitividad de las industrias estadounidenses, incrementaban costos operativos y podrían afectar la economía y el empleo en sectores clave como la energía y la manufactura. En ese sentido, funcionarios del Gobierno sostuvieron que la revocación permitirá "un entorno más amigable para la inversión y el desarrollo económico", al tiempo que impulsaría la explotación de recursos energéticos domésticos.
El presidente Trump y sus colaboradores han reiterado en varias oportunidades que buscan equilibrar crecimiento económico y regulación ambiental, aunque la trayectoria de políticas durante su gestión ha favorecido la reducción de restricciones impuestas por administraciones anteriores.
La decisión fue duramente cuestionada por organizaciones ambientalistas, activistas climáticos y legisladores opositores, quienes alertaron que la revocación de límites a las emisiones de gases de efecto invernadero representa un retroceso significativo en la lucha contra el cambio climático. Algunos grupos sostienen que medidas de este tipo pueden profundizar la crisis climática y alejar a Estados Unidos de metas de reducción de emisiones propuestas en acuerdos internacionales.
Líderes de entidades ecologistas expresaron que la eliminación de la norma "socava años de esfuerzos regulatorios" y podría tener consecuencias negativas tanto a nivel ambiental como para la imagen internacional del país en temas climáticos.
Expertos en cambio climático señalaron que la medida podría dificultar la cooperación internacional en materia de reducción de emisiones, justo cuando se buscan compromisos más ambiciosos para mitigar el calentamiento global a nivel global. Estados Unidos, como una de las principales economías y emisores del mundo, juega un rol clave en negociaciones climáticas y políticas conjuntas con otros países.
El anuncio se produce en un contexto de intensos debates internos en EE. UU. sobre la mejor forma de abordar el desafío del cambio climático sin afectar la competitividad económica, aunque muchos analistas sostienen que la transición hacia energías más limpias y políticas de reducción de emisiones es inevitable frente a los impactos ambientales cada vez más evidentes.