El Senado de México aprobó este jueves una reforma laboral histórica que establece la reducción de la jornada de trabajo, promovida como un avance para mejorar la calidad de vida de los trabajadores y reducir la informalidad en el empleo.
El Senado de México aprobó este jueves un proyecto de reforma laboral orientado a reducir la jornada de trabajo sin disminuir los salarios, en un cambio considerado por sus promotores como un avance para mejorar la calidad de vida de los trabajadores y promover un mejor equilibrio entre la vida laboral y familiar.
La iniciativa, impulsada por diversos sectores del Congreso mexicano y respaldada por la mayoría de los legisladores, apunta a ajustar los límites máximos de horas de trabajo semanales, lo que podría traducirse en un modelo más flexible y equitativo para empleados de distintos sectores.
Entre los principales objetivos de la reforma aprobada figura la reducción de la jornada laboral estándar, con la idea de adaptar las condiciones de empleo a las nuevas formas de producción y servicios, y al mismo tiempo mantener la remuneración plena de los trabajadores afectados.
Los legisladores que apoyaron el proyecto argumentaron que la medida busca combatir la precariedad laboral y elevar la productividad, al tiempo que permite a los trabajadores disponer de más tiempo libre para su desarrollo personal y familiar.
Durante el debate en el pleno del Senado, varios legisladores destacaron que la reducción de la jornada laboral puede servir como un incentivo para la creación de empleo formal, ya que al flexibilizar las jornadas se podrían ampliar las vacantes y distribuir mejor las horas entre más trabajadores.
Además, sectores sociales y sindicatos expresaron su apoyo a la reforma, sosteniendo que un régimen laboral con menos horas semanales puede contribuir a mejorar la salud y el bienestar general de la población trabajadora.
Sin embargo, algunos sectores empresariales y economistas manifestaron reservas respecto al impacto de la reducción de la jornada, advirtiendo que podría aumentar los costos laborales para las empresas y plantear desafíos en sectores con alta demanda de mano de obra intensiva.
Estas voces críticas sostuvieron que, sin una adecuada fase de implementación y ajustes regulatorios, la medida podría generar presiones inflacionarias o dificultades para ciertas industrias que dependen de jornadas prolongadas para su funcionamiento habitual.
Con la aprobación en el Senado, la reforma laboral pasa ahora a su revisión en otras instancias legislativas y reglamentarias, donde se espera que se definan aspectos más concretos sobre los plazos de implementación y los mecanismos de adaptación para empresas y trabajadores.
Las autoridades mexicanas señalaron que se llevará adelante un proceso de consulta y diálogo con sectores productivos antes de la promulgación final de los cambios.