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El Gobierno busca mostrar unidad mientras crece la tensión por el futuro de Adorni

En La Libertad Avanza descartan por ahora la salida del jefe de Gabinete y buscan limitar el impacto político de sus explicaciones patrimoniales. Los acercamientos entre Karina Milei, Patricia Bullrich, Santiago Caputo y los Menem forman parte de una estrategia de contención.

Martes, 16 de Junio de 2026

El Gobierno busca dar señales de unidad en medio de las tensiones internas por el futuro de Manuel Adorni. En el Ejecutivo descartan, por ahora, la salida del jefe de Gabinete y sostienen que el objetivo inmediato es ordenar la mesa política, evitar nuevas disputas públicas y contener el impacto que generaron sus explicaciones patrimoniales.

En la Casa Rosada describen el momento como una etapa de control de daños. La prioridad es impedir que las diferencias internas profundicen una crisis que ya dejó debilitado al jefe de Gabinete, complicó la agenda legislativa y abrió ruidos con sectores aliados.

La decisión de sostener a Adorni

En el entorno presidencial insisten en que Javier Milei y Karina Milei no tienen previsto desplazar a Adorni. En despachos oficiales aseguran que trabajan para resolver su "situación pública y mediática", aunque evitan precisar cuál será la estrategia concreta.

La apuesta es que el jefe de Gabinete llegue a su informe de gestión en el Senado, recupere parte de su actividad institucional y que el Gobierno pueda correr el foco hacia la economía, el Mundial y las reformas pendientes.

El problema es que la explicación de Adorni no logró cerrar la crisis dentro del propio oficialismo. En el Ejecutivo reconocen que casi nadie salió a respaldarlo públicamente después de su entrevista y de la presentación de su declaración jurada.

Tampoco apareció el acompañamiento coordinado de la estructura digital libertaria que algunos esperaban. En varios despachos admiten que las inconsistencias del relato dañaron la posibilidad de una defensa automática.

Un apoyo interno debilitado

Ese vacío de respaldo se convirtió en un síntoma de un problema mayor. En Balcarce 50 creen que la credibilidad de Adorni ya venía erosionada por meses de desgaste.

La admisión de ahorros no declarados, las rectificaciones patrimoniales y las contradicciones sobre bitcoin hicieron más difícil que el ecosistema libertario pudiera defenderlo sin matices.

También reconocen que las críticas públicas de Patricia Bullrich agravaron la percepción de desorden interno.

En ese contexto se explican las señales de acercamiento entre Karina Milei y Bullrich. La secretaria general de la Presidencia compartió una foto de la mesa política durante el festejo de cumpleaños de la senadora y luego participó de una celebración más íntima.

En la Casa Rosada niegan que exista una coordinación para desgastar a Adorni y describen esos gestos como parte de una estrategia de contención.

La situación de Bullrich es uno de los puntos que más inquieta al karinismo. En el Gobierno admiten que la exministra de Seguridad acumuló autonomía, volumen propio y capacidad de marcar agenda.

La lectura interna es que ya no hay margen para una ruptura abierta con la jefa del bloque libertario en el Senado, incluso cuando persisten diferencias de fondo.

La tensión por el rol de Bullrich

El enojo con Bullrich todavía no desapareció. En algunos despachos creen que la senadora "se sobregiró" cuando se negó a votar en contra del pliego de María Verónica Michelli, la candidata a jueza que el Gobierno buscaba frenar después de haberla enviado al Senado.

Aun así, en la Casa Rosada reconocen que la prioridad actual es evitar una crisis interna de mayor escala en medio del caso Adorni.

La tensión también quedó expuesta en la última reunión de mesa política. Según el entorno del jefe de Gabinete, Adorni enfrentó a Bullrich después de que la senadora calificara su situación patrimonial como una "omisión ética".

El intercambio mostró que la foto de unidad no alcanzó para cerrar las diferencias dentro del oficialismo.

Por ahora, en el Gobierno descartan cualquier posibilidad de que Bullrich pase a la Jefatura de Gabinete. Cerca de Milei sostienen que no está en evaluación un cambio de ese tipo.

El rol de la senadora seguiría ligado al Senado, la reforma electoral y el armado político de 2027.

El karinismo mantiene un objetivo: que Bullrich compita por la Ciudad de Buenos Aires. En la Casa Rosada creen que una candidatura porteña permitiría contenerla dentro del esquema libertario y despejar cualquier expectativa sobre una eventual postulación a la vicepresidencia.

Además, señalan un dato político relevante: si Bullrich deja su banca en el Senado, asumiría como suplente Pilar Ramírez, una de las principales referentes de Karina Milei en la Ciudad.

La tregua entre Santiago Caputo y los Menem

El otro frente de contención está en la relación entre Santiago Caputo y los Menem.

Después de las tensiones por la polémica en torno a la cuenta "Rufus" en X y la disputa por el control digital del oficialismo, en la Casa Rosada buscan bajar el nivel de confrontación interna.

El acercamiento no borra la desconfianza de fondo. El karinismo sigue mirando con recelo la estructura digital referenciada en el asesor presidencial y los vínculos de algunos de sus exsocios con gobernadores dialoguistas.

En el entorno de Caputo rechazan esas sospechas y aseguran que el consultor seguirá trabajando para Javier Milei mientras el Presidente así lo disponga.

La Casa Rosada sabe que necesita ordenar la interna para sostener la agenda de reformas. En el Congreso están pendientes el Súper RIGI, la ley de lobby, la reforma electoral, los cambios en Inocencia Fiscal, la discusión sobre desregulación y otros proyectos que dependen de acuerdos con aliados y gobernadores.

El caso Adorni volvió más sensible ese tablero y obligó a reforzar el contacto político.

La estrategia oficial es evitar que la discusión sobre el jefe de Gabinete derive en una fractura más amplia. En Nación sostienen que no habrá por ahora una salida, pero reconocen que su continuidad ya no puede apoyarse en el mismo esquema comunicacional.

La idea es bajar su exposición confrontativa, sostenerlo institucionalmente y mostrar que el Gobierno no queda paralizado por la crisis.