El consenso del mercado señala que la victoria del candidato del Partido Liberal traería aire a los activos financieros y competitividad al comercio por la apreciación del real. No obstante, economistas advierten que ciertas medidas podrían golpear la demanda de manufacturas argentinas.
El triunfo del senador Flávio Bolsonaro en la primera vuelta electoral de Brasil generó una inmediata reacción positiva en los mercados financieros internacionales, reflejada en la apreciación del real y el alza de las acciones en las bolsas paulista y de Nueva York. En la Argentina, el resultado fue recibido con optimismo en el ámbito financiero y oficial, dado que una mayor compresión del riesgo país regional suele derivar en un flujo favorable hacia los bonos soberanos locales, las empresas argentinas expuestas al mercado brasileño y los certificados de depósito de entidades de ese país.
Para la economía real y la gestión del presidente Javier Milei, el impacto más relevante del escenario electoral radica en el comportamiento del tipo de cambio en el principal socio comercial del país. Según cifras del INDEC, el intercambio bilateral entre ambas naciones superó los 19.200 millones de dólares en los primeros ocho meses de 2026, donde el 64% de los envíos argentinos hacia ese destino corresponde a Manufacturas de Origen Industrial (MOI), con preponderancia del sector automotriz. Una moneda brasileña más fuerte abarataria las exportaciones argentinas, mejoraría el saldo de la balanza comercial y le daría sostén al tipo de cambio real multilateral, aunque también encarecería el turismo de argentinos en el país vecino.
En el plano diplomático y comercial, analistas financieros y consultoras privadas coinciden en que la convergencia ideológica entre la Casa Rosada, un eventual gobierno del Partido Liberal y la administración de Donald Trump en Estados Unidos dinamizaría la agenda del Mercosur. Este frente común podría acelerar la ratificación del acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, viabilizar proyectos estratégicos de integración energética —como la provisión de gas proveniente de Vaca Muerta— y fortalecer la posición negociadora del bloque ante los mercados globales.
Sin embargo, los especialistas señalan la existencia de variables de riesgo en el mediano plazo vinculadas a la ejecución del programa económico bolsonarista. Por un lado, si la nueva regla fiscal de Brasil implica un ajuste de gasto muy severo en la etapa inicial, la contracción del ingreso en la sociedad brasileña podría terminar deprimiendo la demanda de bienes industriales argentinos. Por otro lado, una apertura comercial agresiva por parte de Brasilia expondría a la producción nacional —especialmente a los rubros automotriz, agroindustrial y farmacéutico— a una mayor competencia con bienes europeos y de otros mercados globales.