BYD lidera las ventas globales de autos eléctricos, pero enfrenta una nueva etapa: desarrollar software, chips y conducción autónoma propios para competir con rivales cada vez más tecnológicos.
BYD se consolidó como el mayor fabricante mundial de autos eléctricos gracias a una estrategia basada en baterías, integración vertical y control de costos. Sin embargo, la compañía china enfrenta ahora un desafío más complejo: dejar de ser vista solo como una automotriz y transformarse en una verdadera empresa tecnológica.
Fundada alrededor del negocio de las baterías, BYD construyó buena parte de su crecimiento controlando casi toda su cadena productiva. La firma participa desde el procesamiento de litio hasta el desarrollo de sus propios sistemas de inteligencia artificial, una estrategia que le permitió lanzar modelos competitivos y de bajo costo, como el Seagull, vendido en China por cerca de US$10.000.
Ese modelo de integración le dio una ventaja decisiva frente a competidores que dependen de proveedores externos. Mientras otros fabricantes enfrentaban aumentos de costos y problemas de suministro, BYD pudo acelerar lanzamientos, sostener precios agresivos y ampliar su presencia en distintos segmentos del mercado.
El problema para BYD es que el mercado de autos eléctricos cambió. La disputa ya no pasa únicamente por la batería, la autonomía o la eficiencia industrial, sino también por la experiencia digital, las pantallas, los sistemas de asistencia y la conducción autónoma.
Rivales como Xpeng, Li Auto y Geely avanzan con una lógica más cercana al mundo tecnológico. Algunos desarrollan alianzas con empresas de software, inteligencia artificial y reconocimiento de voz, mientras que otros incorporan soluciones de gigantes como Huawei.
BYD, en cambio, insiste en hacer casi todo por cuenta propia. La compañía presentó recientemente un semiconductor desarrollado internamente para conducción autónoma y sostiene que mantener el control de sus sistemas le permite depender menos de terceros y acelerar mejoras sin quedar atada a proveedores.
La estrategia también tiene límites. En áreas como la conducción autónoma, los errores o demoras tecnológicas pueden ser más difíciles de corregir cuando todo depende del desarrollo interno. BYD desplegó sus sistemas de asistencia en numerosos modelos, incluso en vehículos económicos, antes de que la tecnología alcanzara plena madurez.
Frente a las críticas, su fundador Wang Chuanfu anunció que BYD asumirá las pérdidas derivadas de accidentes causados por sistemas de conducción autónoma, una decisión con la que busca reforzar la confianza en su tecnología.
La empresa todavía conserva fortalezas claras. Sus baterías Blade, sus sistemas de carga rápida y su capacidad industrial siguen siendo referencias dentro del sector. Pero la competencia ya no se limita a fabricar autos eléctricos eficientes: ahora se trata de construir vehículos cada vez más parecidos a computadoras sobre ruedas.
Para BYD, el próximo paso será demostrar que puede liderar no solo en manufactura y baterías, sino también en chips, software y conducción autónoma. Ese salto definirá si la compañía mantiene su ventaja global o si sus rivales tecnológicos logran recortar distancia.