La Unión Europea analiza una norma que podría dejar al biodiésel de soja argentino sin incentivos comerciales. Funcionarios y empresarios buscan evitar una decisión que impactaría en un mercado clave.
La Argentina busca frenar una norma de la Unión Europea que podría afectar de manera directa las exportaciones de biodiésel de soja, un sector con potencial para generar ventas por hasta US$1.400 millones anuales si el país lograra cubrir toda la cuota asignada.
La discusión se concentra en Bruselas, donde funcionarios argentinos y representantes del sector privado intentan incidir antes de que el Parlamento Europeo defina si acepta o rechaza la propuesta impulsada por la Comisión Europea.
La iniciativa plantea que los biocombustibles fabricados a base de soja dejen de computar para los objetivos de descarbonización del bloque, bajo el argumento de que la expansión global del cultivo puede fomentar la deforestación.
La medida no implica una prohibición directa al ingreso del biodiésel argentino, pero sí le quitaría el incentivo que sostiene buena parte de su demanda en Europa.
Los países europeos compran biocombustibles para cumplir metas de energías renovables. Si el biodiésel de soja deja de sumar para esos objetivos, perdería atractivo comercial frente a otras alternativas.
Para la Argentina, el golpe sería importante. El año pasado se exportaron a la Unión Europea unas 280.000 toneladas de biodiésel por cerca de US$350 millones, además de 45.000 toneladas de aceite de soja para uso industrial por otros US$50 millones.
La preocupación principal de la industria local pasa por la metodología utilizada por la Comisión Europea, que evalúa la expansión del cultivo a nivel global y no por país. Desde el sector sostienen que ese criterio perjudica a la Argentina, donde la superficie sembrada con soja viene cayendo desde hace más de una década.
El Parlamento Europeo deberá pronunciarse antes del 10 de agosto. En ese contexto, el Gobierno argentino y las cámaras exportadoras intensificaron las gestiones diplomáticas y técnicas para intentar bloquear o modificar la propuesta.
El reclamo también apunta al futuro de los biocombustibles de aviación, un mercado que la industria considera estratégico. Si Europa excluye a la soja como materia prima, la Argentina podría quedar fuera de una oportunidad de crecimiento vinculada a combustibles más sostenibles para el transporte aéreo.
El antecedente inmediato es el del aceite de palma, que en 2019 fue excluido por la Unión Europea por su presunta relación con la deforestación. Ahora, la revisión normativa incorporó a la soja dentro de la misma discusión.
Aunque algunos países europeos ya restringen el apoyo a biocombustibles derivados de soja, todavía existe una posible salida técnica: certificar producciones de bajo riesgo ambiental con enfoques regionales. Esa alternativa podría beneficiar a la Argentina, siempre que se reconozca la caída de la superficie sembrada y las condiciones específicas del país.
Mientras tanto, el sector exportador sigue de cerca la votación, consciente de que la decisión europea puede condicionar no solo el comercio actual de biodiésel, sino también el desarrollo futuro de una industria clave para la generación de divisas.