Aunque la expansión de las exportaciones energéticas y mineras genera ingresos clave para Argentina, el crecimiento se traduce en beneficios económicos marcadamente distintos según la provincia, según un informe de la Fundación Mediterránea.
El crecimiento de las exportaciones ligadas a la explotación hidrocarburífera no convencional de Vaca Muerta y la minería metalífera volvió a perfilarse como uno de los principales impulsores de divisas en la economía argentina en 2025 y mantiene esa relevancia para 2026.
Sin embargo, detrás de estos números positivos hay diferencias estructurales importantes entre regiones. Según un informe de la Fundación Mediterránea, firmado por el economista Jorge Day, la expansión del sector petrolero en la provincia de Neuquén generó un círculo virtuoso de crecimiento que se tradujo en mejoras de empleo privado formal, aumento de la masa salarial real y mayor actividad de consumo en la economía local.
Neuquén se consolidó como un caso singular dentro del mapa productivo argentino, con indicadores que reflejan el efecto multiplicador de la actividad energética: más ventas en supermercados, mayor patentamiento de vehículos y dinamismo de sus centros urbanos.
La situación es sustancialmente distinta en varias provincias con predominio de la minería metalífera, como San Juan, Santa Cruz, Salta y Jujuy. Aunque estas jurisdicciones también registraron un crecimiento en sus exportaciones mineras, ese avance no se tradujo en una mejora significativa de los indicadores económicos locales, como el empleo formal o los ingresos reales. En varios períodos incluso se observaron estancamientos o retrocesos en empleo y consumo.
Este contraste evidencia que no basta con exportar más para que una provincia experimente un impacto económico amplio. En el caso de la minería metalífera, la estructura productiva tiende a vincularse menos con proveedores locales, lo que limita los encadenamientos productivos internos y el llamado "efecto derrame", que sí es más intenso en el sector petrolero no convencional.
Las disparidades también se reflejan en la evolución de la recaudación fiscal, donde Neuquén mostró aumentos reales significativos, mientras que en otras provincias mineras esa dinámica fue más acotada o incluso estancada.
Según el análisis de la Fundación Mediterránea, tres factores explican en gran parte esta desigualdad:
Grado de inserción externa, es decir, cuánto representan las exportaciones en el Producto Geográfico Bruto de cada provincia;
Magnitud del crecimiento productivo en cada sector; y
Encadenamientos productivos locales que permiten traducir la actividad exportadora en empleo e inversiones diversas.
En Neuquén, estos factores confluyen de manera favorable: sus exportaciones representan una fracción significativa del PGB, y el desarrollo petrolero no convencional exige una amplia red de servicios e insumos locales, generando más empleo e inversión interna.
En cambio, la minería metalífera suele operar con cadena de suministros menos integrada al tejido local y con proveedores externos, lo que reduce su potencial de impacto económico interno.
El estudio advierte también sobre incertidumbres externas, ya que la evolución de los precios internacionales -con señales mixtas para el petróleo y ciertos minerales- podría moderar el ritmo de expansión de estas actividades en los próximos años, dificultando proyectar beneficios sostenibles a largo plazo.
Así, mientras Vaca Muerta impulsa un desarrollo más palpable en Neuquén, otras provincias que también contribuyen al boom exportador enfrentan el desafío de transformar ese auge de ventas al exterior en mejoras concretas para sus economías internas, una tarea que demanda estructuras productivas más diversificadas y políticas públicas que potencien los encadenamientos locales.