El presidente xeneize analizó el clima previo al clásico en La Bombonera, elogió a Rodolfo Arruabarrena y a Leandro Paredes, y pidió bajar la histeria con los referís. También dejó críticas a la oposición y abordó el proyecto del estadio.
En el inicio de la semana previa a una nueva edición del Superclásico frente a River Plate, el presidente de Boca Juniors, Juan Román Riquelme, brindó una extensa entrevista donde repasó la actualidad deportiva del club, la exigencia del fútbol argentino y las polémicas que suelen rodear a los jueces. Durante su intervención en el canal Azz Stream, la máxima autoridad xeneize intentó descomprimir la presión sobre las autoridades arbitrales y sostuvo que resulta indispensable respaldar el trabajo de los colegiados dentro del campo de juego: “Creo que los árbitros en nuestro país son muy cuestionados; cuando a un equipo le toca perder o las cosas no van bien, se culpa al árbitro, pero al final siempre gana el que mejor juega”.
Pese a pedir mesura y remarcar que ningún dirigente debería salir en televisión a cuestionar fallos, Riquelme aclaró que quien comete un error grave debe ser sancionado al igual que un futbolista. En cuanto al andar del plantel conducido por Rodolfo Arruabarrena, se mostró prudente de cara al duelo del domingo a las 15:00: “Todavía no ganamos nada, pero es importante competir y llegar al final con chances en todos los frentes. El entrenador encontró un grupo donde todos quieren jugar y están a disposición, algo que no es sencillo en un club con tanta repercusión como el nuestro”.
Uno de los puntos centrales de la charla estuvo enfocado en la gravitación de Leandro Paredes como líder futbolístico y referente dentro del vestuario. Riquelme lo definió como un fuera de serie que compite con el corazón de un simpatizante: “Ama la camiseta de Boca, es nuestro capitán y tiene la voz de mando; juega a otro ritmo, desde el control y el pase, y hace que los más jóvenes y los grandes se sientan contenidos”. Asimismo, valoró la proyección de juveniles como Leonel Flores y Tomás Aranda, remarcando la necesidad de respetar sus procesos de maduración profesional.
Respecto de la infraestructura del club y los constantes debates sobre la ampliación de La Bombonera, el dirigente ratificó el compromiso de modernizar las instalaciones sin recurrir a promesas inviables: “Si tenemos la posibilidad técnica de hacer una bandeja más para que entren más socios, lo vamos a hacer con felicidad, pero al hincha no le vamos a mentir nunca”. En esa misma línea, recordó las limitaciones normativas vigentes y cuestionó los proyectos de relocalización impulsados por espacios opositores durante la última contienda electoral.
Al referirse al trato dispensado por los medios de comunicación y las disputas dirigenciales, Riquelme apuntó de manera directa contra la figura de Mauricio Macri tras la última contienda electoral en la institución: “Tuvimos la suerte de ganar gracias a los socios, pero el señor que perdió dejó muy en claro que pretende que a Boca le vaya mal mientras no esté él manejando el club”. A su vez, relativizó las presiones de las redes y las tribunas, señalando que la histeria de cantar exigiendo actitud no garantiza resolver los partidos ni generar juego colectivo.
En el tramo más íntimo del diálogo, el ídolo auriazul recordó el traumático episodio vivido a comienzos de abril de 2002 con el secuestro de su hermano Cristian “Chanchi” Riquelme, señalando cómo ese suceso consolidó una hermandad inquebrantable en su núcleo familiar. Tras superar aquellos días de cautiverio previo a su transferencia al fútbol europeo, subrayó que su entorno afectivo más cercano y la gestión diaria del club representan sus únicas prioridades de vida, con la mirada fija en celebrar una victoria ante River este fin de semana.