Un té orgánico elaborado con desechos de cocina aporta potasio y fósforo natural a la tierra. Fortalece las raíces de los ejemplares de interior y exterior y estimula la apertura de pimpollos.

Los residuos orgánicos que se generan a diario en el hogar esconden un valor biológico extraordinario para el mantenimiento del jardín. En lugar de descartarlas en la basura, las cáscaras de banana pueden reciclarse para dar vida a un potente fertilizante líquido casero, una alternativa ecológica que reemplaza con eficacia a los abonos industriales y resulta ideal para plantas de floración estacional, suculentas y variedades de interior que muestran signos de languidez.
El componente principal de este preparado es el potasio de absorción rápida, un mineral esencial para el metabolismo vegetal que favorece la fotosíntesis, robustece los tallos leñosos y estimula de manera directa la producción y el tamaño de las flores. Para elaborarlo no se requieren aditivos químicos: basta con cortar las cáscaras limpias de tres o cuatro bananas en trozos pequeños, colocarlas dentro de una cacerola con un litro de agua de grifo y llevarlas a ebullición durante unos quince minutos a fuego suave para que los tejidos vegetales liberen todos sus nutrientes.
Una vez transcurrido el tiempo de cocción, es indispensable dejar que el líquido repose a temperatura ambiente y filtrarlo minuciosamente con un colador fino para retirar cualquier resto sólido que pudiera pudrirse en la maceta y atraer insectos. Ese concentrado parduzco debe diluirse en dos partes de agua fresca antes de aplicarlo sobre la tierra seca mediante el riego tradicional cada quince días, cuidando de no mojar directamente las hojas ni los pimpollos para evitar la proliferación de hongos en el follaje.