En la gira por Francia, la secretaria general prometió no armar listas libertarias contra los gobernadores aliados. A cambio, la Casa Rosada busca asegurar los votos para eliminar las PASO, aunque la mayoría aún no definió su postura.
En la Casa Rosada reina el entusiasmo tras la gira presidencial por Francia y hablan con humor de la "magia de París". En el marco del Argentina Week, el Gobierno sumó a la comitiva a 13 mandatarios provinciales y los integró de lleno a las fotos protocolares, incluyendo la cumbre con el mandatario francés Emmanuel Macron. Con ese gesto político y una serie de ofertas concretas, el oficialismo da por hecho que logró destrabar los respaldos necesarios en el Congreso para avanzar con su reforma electoral prioritaria: la eliminación de las elecciones primarias (PASO).
La llave de la negociación estuvo en manos de Karina Milei, quien asumió el rol de negociadora central frente a los caciques provinciales. La secretaria general de la Presidencia les garantizó que La Libertad Avanza no les plantará candidatos propios ni armará competencia en sus distritos de cara a las próximas elecciones locales. Con este compromiso directo, el karinismo busca sepultar meses de cortocircuitos territoriales y convencer a los mandatarios de que el camino de la convivencia es el más rentable para ambas partes.
El entendimiento no solo se basó en el reparto electoral. En las reuniones también participaron el jefe de Gabinete, Diego Santilli, y el ministro de Economía, Luis Caputo, quien se mostró mucho más permeable a los reclamos del interior. Desde el ala política libertaria interpretan que el mayor incentivo de las provincias es económico: la Casa Rosada puede facilitarles los avales para tomar créditos a tasas bajas ante organismos internacionales, recursos que los gobernadores necesitan con urgencia para reactivar obras públicas y fortalecer sus proyectos de reelección.
Aunque referentes de Juntos por el Cambio como Alfredo Cornejo (Mendoza), Ignacio Torres (Chubut) y Rogelio Frigerio (Entre Ríos) ya expresaron su sintonía con la iniciativa, el resto de los presentes prefirió mantener la cautela y todavía no confirmó públicamente cómo votarán sus legisladores. Además, el optimismo oficial choca con un calendario parlamentario apretado: la oposición presiona con una sesión especial convocada para el 15 de octubre para rechazar el DNU 70/2023, lo que obliga al oficialismo a medir con precisión si apura la reforma electoral o si espera a despejar el terreno en el recinto.