La panelista expuso detalles sobre la convivencia del empresario con la modelo tras un tenso cruce en una gala. Denunció desplazamientos de empleados históricos, presiones sobre las autoridades del museo y un presunto bloqueo masivo en el celular del millonario.

Luego de protagonizar un áspero cruce durante una gala benéfica, Yanina Latorre encendió la polémica en el mundo del espectáculo al exponer pormenores de una severa crisis conyugal y familiar que involucra al empresario y coleccionista Eduardo Costantini y a su esposa, la modelo Elina Fernández. La conductora aseguró haber recibido numerosos testimonios provenientes del círculo íntimo y de allegados al entorno del fundador de Consultatio, quienes manifiestan un marcado distanciamiento respecto del rumbo que tomó la vida privada del magnate.
Entre los focos de mayor fricción, Latorre hizo hincapié en la ofensiva legal promovida contra la exesposa del empresario, Teresa Costantini, orientada a impedirle el uso del apellido de casada y requerir la nulidad matrimonial. De acuerdo con la versión expuesta por la panelista, este litigio simboliza una serie de desplazamientos que afectaron progresivamente a familiares directos, personal doméstico, cocineros y empleados con décadas de servicio, quienes habrían sido desvinculados de las residencias del matrimonio tras el desembarco de Fernández.
La conductora también trasladó las acusaciones a la gestión del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (Malba), una de las instituciones culturales más prestigiosas de la región. En ese sentido, aseveró que las tensiones alcanzaron a especialistas en curaduría y dirección artística, e incluso señaló presuntos cortocircuitos con la vicepresidenta de la entidad, Bettina Bulgheroni, cuestionando la injerencia de la modelo en decisiones estratégicas de la institución sin poseer una trayectoria académica acreditada en el rubro del arte.
Asimismo, Latorre detalló un episodio crítico que habría detonado una ruptura temporal durante el embarazo de la modelo, originado en una presunta manipulación del teléfono celular de Costantini. Según su reconstrucción, el empresario extrañaba la ausencia de saludos y felicitaciones de sus amistades y descubrió que su agenda tenía contactos y mensajes borrados o bloqueados de manera sistemática. A estas revelaciones se sumaron los aportes del periodista Nico Peralta, quien afirmó la existencia de una lista negra de cronistas y presiones directas hacia la dirección de la revista Caras, a quienes se les habría exigido modificar los archivos históricos para retirar el apellido de Teresa Costantini como condición innegociable para otorgar futuras notas de portada.