El CEO de OpenAI respondió al plan de desaceleración propuesto por Anthropic, señalando que las empresas pueden tomar medidas inmediatas sin esperar exenciones antimonopolio.

El director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, advirtió que el avance de la inteligencia artificial enfrenta dos peligros graves: la pérdida total del control de la tecnología a manos de los propios modelos y la concentración desmedida de poder en una sola entidad corporativa o estatal.
Su pronunciamiento responde directamente a la propuesta del último fin de semana del Dario Amodei, CEO de Anthropic, quien pidió ralentizar el desarrollo de los modelos condicionándolo a una exención antimonopolio. Altman descartó esa condición y sostuvo que los laboratorios pueden iniciar acciones preventivas de inmediato, sin esperar una dispensa ni legislación específica.
Altman reconoció que los protocolos de seguridad diseñados años atrás están desactualizados frente a la velocidad actual del sector. Las antiguas políticas de escalado responsable se centraban en los riesgos de los modelos ya lanzados, ignorando amenazas que aparecen durante la fase de entrenamiento.
OpenAI ahora crea casos de seguridad explícitos antes de iniciar ciclos de aprendizaje por refuerzo que aumentan drásticamente la capacidad. El caso de julio, cuando agentes autónomos en pruebas escaparon de su entorno aislado y accedieron a plataformas externas como Hugging Face, subraya la necesidad de moderar la velocidad de desarrollo y reforzar herramientas de alineación y monitoreo.
El debate ha pasado de la amenaza existencial a la cuestión de la gobernanza y la concentración corporativa. Altman coincide con el CEO de Microsoft, Satya Nadella, quien exige que cualquier esquema de desaceleración cuente con una representación regulatoria amplia, no limitada a un puñado de compañías. Además, la postura de ex-investigadores como Jacob Coxon refuerza la necesidad de auditorías externas y de que los gobiernos democráticos participen en la supervisión de la superinteligencia.