La entidad madre del automovilismo obligará a separar fábricas, túneles de viento e ingenieros de otras categorías para evitar desvíos de costos. La reforma afecta a estructuras como Alpine y Ferrari de cara al nuevo ciclo técnico.
El Consejo Mundial del Deporte Motor de la FIA aprobó un paquete regulatorio de alto impacto que alterará de raíz la operatoria técnica de la Fórmula 1 a partir de la temporada 2027. La entidad rectora dispuso una separación física, operativa y contractual estricta entre el personal de los equipos de la Máxima y las divisiones que compiten en otras categorías internacionales, como el Campeonato Mundial de Resistencia (WEC) y la Fórmula E. La determinación busca cerrar un vacío normativo histórico que permitía eludir de manera encubierta el límite presupuestario anual, fijado en 215 millones de dólares, una medida que condiciona directamente los planes de desarrollo de escuderías oficiales como Alpine, donde compite el piloto argentino Franco Colapinto.
Según consignó el medio especializado Motorsport, las autoridades detectaron que los grandes conglomerados automotrices utilizaban sus estructuras polideportivas para canalizar horas de ingeniería, desarrollo de software y ensayos aerodinámicos en proyectos externos sin cargar esos montos en los balances oficiales de la F1. Las sospechas apuntaban con fuerza a marcas con doble o triple frente competitivo como Ferrari, Aston Martin, Cadillac y la propia Alpine, además de la alianza técnica entre Haas y Toyota o los nexos entre el Grupo Renault y el equipo Nissan de Fórmula E, beneficiados por la creciente convergencia tecnológica entre los monoplazas híbridos y eléctricos.
Hasta el momento, las escuderías tenían la potestad de fraccionar formalmente los contratos de sus ingenieros, computando dentro del tope de gastos únicamente la porción horaria declarada para el monoplaza de Gran Premio. A partir de 2027, el nuevo marco operativo prohibirá de forma terminante el uso compartido de activos críticos como túneles de viento, simuladores dinámicos, bancos de pruebas de motores y servidores informáticos, obligando a las fábricas a levantar divisiones de acceso restringido para blindar las áreas de la Máxima.
Las restricciones abarcan además un severo régimen de incompatibilidades laborales internas. Aquellos técnicos o directores que decidan desvincularse de la estructura de F1 verán bloqueadas sus credenciales corporativas y no podrán retornar al área de Grandes Premios por el lapso de un año. A su vez, quienes provengan de programas ajenos deberán afrontar una licencia obligatoria sin actividad (gardening leave) de tres meses antes de asumir funciones, garantizando un corte absoluto en la transferencia de datos entre disciplinas.
La reforma de la FIA reavivó la discusión sobre la efectividad real del control financiero en el paddock. El ex director de Red Bull Racing, Christian Horner, cuestionó abiertamente la viabilidad del esquema al advertir en declaraciones a Autosport que las principales escuderías gastan en realidad entre 500 y 600 millones de dólares por año, debido a las exclusiones que contempla el sistema, tales como los salarios millonarios de los pilotos, los contratos de los tres ejecutivos mejor remunerados, los presupuestos de marketing y los viajes globales, sumados al tope paralelo de 190 millones de dólares asignado en exclusiva a los motoristas.
Horner trajo al recuerdo la sanción económica de siete millones de dólares y el recorte en pruebas aerodinámicas que sufrió Red Bull por sobrepasar el techo en un 5% durante el certamen 2021. Analistas del sector advierten que, mientras las penalizaciones deportivas no resulten drásticas, los constructores de mayor poderío económico podrían optar por infringir márgenes menores del límite financiero, considerando que avanzar una posición dentro del top cinco del Campeonato Mundial de Constructores representa un beneficio directo de más de 20 millones de dólares en premios oficiales.