La firma global BCA Research tomó ganancias en títulos soberanos y redujo la recomendación del país a "subponderar". Advirtió que la caída del empleo fabril y de la construcción no es compensada por el RIGI de cara a las elecciones presidenciales.
Pese a los avances reconocidos en materia de desinflación y consolidación del equilibrio fiscal, el modelo económico del presidente Javier Milei comenzó a toparse con límites técnicos en la mirada de los grandes operadores globales. La influyente consultora internacional BCA Research publicó un informe estratégico titulado "Argentina: todo destrucción, ninguna creación", en el cual alertó que las reformas estructurales y la apertura comercial no lograron activar un flujo de inversión productiva capaz de absorber la pérdida de puestos de trabajo en el entramado tradicional, escenario que proyecta crecientes riesgos económicos y políticos hacia las elecciones presidenciales de 2027.
El diagnóstico vino acompañado de una drástica determinación financiera: la entidad resolvió cerrar de manera preventiva sus posiciones compradas en bonos soberanos en dólares, acciones locales y títulos en pesos a dos años, tras consolidar ganancias del 11,5%, 5,3% y 3,8%, respectivamente. En simultáneo, rebajó su recomendación para la Argentina de "sobreponderar" a "subponderar" dentro de las carteras de inversión para mercados emergentes, concluyendo que el potencial de alza bursátil quedó acotado frente al encarecimiento del crédito interno y la apreciación del tipo de cambio.
La preocupación central de la firma descansa en la disparidad entre los sectores que generan empleo masivo y aquellos que traccionan las divisas externas. A partir de estadísticas oficiales del Ministerio de Capital Humano relevadas hasta junio de 2026, el informe detalló contracciones críticas en actividades con alto peso social:
Construcción y actividades inmobiliarias: lideraron el retroceso con un derrumbe del -10,2%.
Minería y extracción petrolera: anotaron un declive del -8,8%.
Industria manufacturera: computó una contracción del -7,6%.
Comercio, hotelería y transporte: cayeron un -4,2%, rubro neurálgico que por sí solo concentra el 32,5% de la fuerza laboral del país.
En contraposición, la agricultura y la pesca constituyeron la única rama con saldo favorable (+3,4%). Para los analistas, esta composición expone la debilidad de la transición productiva: el comercio, los servicios y las fábricas reúnen a más del 70% de los trabajadores activos, mientras que los hidrocarburos y la minería emplean apenas al 1,4% de la masa salarial nacional, impidiendo que el auge exportador absorba con rapidez la desocupación urbana.
El análisis cuestionó que los beneficios del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) —que acumula proyectos aprobados por unos u$s56.000 millones y carpetas en estudio por otros u$s150.000 millones— se concentren con exclusividad en recursos naturales intensivos en capital, marginando a las pequeñas y medianas empresas. Asimismo, subrayó que los mayores emprendimientos de cobre y litio madurarán recién a partir de 2029, un horizonte que no compensará las urgencias inmediatas de ingresos de la población.
A esta brecha temporal se suma la rigidez del programa financiero conducido por el ministro Luis Caputo. La consultora calculó que las tasas de interés reales superan el 40% en créditos personales y el 60% en tarjetas, estrangulando el consumo y encareciendo al 13% el financiamiento corporativo a corto plazo. Este cuadro plantea una encrucijada para la reelección de Milei: el empresariado aguarda las urnas para definir inversiones de fondo, pero la suerte electoral del oficialismo dependerá de que el empleo y la actividad repunten antes de que el descontento social opaque los logros antiinflacionarios.