En la antesala del arribo de León XIV a la Argentina, el Gobierno busca acotar el impacto político de sus discursos sobre la pobreza, pero vigila posibles citas reservadas con la oposición y descartó invitar a exmandatarios al Palacio Libertad.
A pocos días de la llegada de León XIV a la Argentina prevista para este domingo, el Gobierno nacional intensifica gestiones para neutralizar de antemano cualquier intento de politización partidaria de la visita papal. Si bien en los pasillos de la Casa Rosada descuentan que los mensajes del Pontífice estarán centrados en la pobreza, la paz y la asistencia a los sectores vulnerables —argumentando que se trata de pautas pastorales universales y no de cuestionamientos directos a la gestión de Javier Milei—, la principal preocupación oficial radica en el frente incontrolable de las audiencias privadas y reservadas que el líder de la Iglesia católica podría mantener en la Nunciatura Apostólica.
En el entorno presidencial observan con recelo la posibilidad de que referentes de la oposición como Axel Kicillof, Juan Grabois o Cristina Fernández de Kirchner logren acceder a un contacto a solas fuera del cronograma público. El temor se apoya en el antecedente directo de su viaje apostólico a España en junio pasado, oportunidad en la que León XIV concedió audiencias fuera de agenda tanto al mandatario Pedro Sánchez como a las figuras opositoras Isabel Díaz Ayuso y Alberto Núñez Feijóo, además de un cónclave con miembros de la Orden de San Agustín.
Dentro del mapa eclesiástico local, en el Ejecutivo miran con especial atención la figura del obispo auxiliar de La Plata, monseñor Alberto Bochatey, quien pertenece a la misma orden religiosa que el Papa y guarda una estrecha relación personal con él. Aunque desde la Santa Sede la única audiencia privada confirmada hasta el momento es un encuentro de estricta reserva con víctimas de abusos sexuales eclesiásticos, en ámbitos diplomáticos vaticanos no descartan que puedan producirse reuniones adicionales de último momento en la sede diplomática de la calle Alvear.
Por su parte, desde la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires desmintieron haber gestionado un mano a mano reservado para Axel Kicillof. Fuentes cercanas al mandatario bonaerense remarcaron que el gobernador ceñirá su participación al protocolo estricto establecido por la comitiva vaticana durante la misa programada en la Basílica de Luján, desestimando de plano versiones sobre reuniones fuera de programa e insistiendo en que todas las articulaciones se canalizan formalmente.
En paralelo a su reclamo para que la visita mantenga un carácter estrictamente pastoral, el Poder Ejecutivo tomó una determinación de fuerte impacto político al dejar fuera de las invitaciones a los expresidentes constitucionales para la recepción institucional de este domingo a las 18:30 en el Palacio Libertad. A diferencia de gobernadores, legisladores nacionales y la vicepresidenta Victoria Villarruel, no fueron convocados Mauricio Macri, Cristina Fernández de Kirchner, Alberto Fernández, Eduardo Duhalde ni Adolfo Rodríguez Saá.
Desde el Vaticano aclararon oportunamente que la confección de las listas y la convocatoria de invitados protocolares corresponden de manera exclusiva al Estado anfitrión. Frente a las críticas, voceros de la Casa Rosada justificaron la decisión alegando restricciones de capacidad física en los salones y esgrimieron que se cumplió con convocar a las cabezas de los tres poderes del Estado sin mediar un requerimiento formal de la Santa Sede sobre los exjefes de Estado.