El Likud obtuvo 27 bancas y lidera el bloque individual más grande, pero los partidos opositores reúnen cerca de 66 escaños. El presidente Herzog deberá designar al encargado de formar gabinete en un parlamento de 120 lugares condicionado por la guerra.
Las elecciones legislativas en Israel concluyeron sin una mayoría automática definida, abriendo un complejo e incierto período de negociaciones parlamentarias para conformar el próximo gobierno. Aunque el primer ministro Benjamín Netanyahu consolidó a su fuerza política como la más votada del Parlamento unicameral con alrededor de 27 bancas sobre un total de 120 escaños, la oposición sumó de manera dispersa cerca de 66 legisladores. El analista internacional y politólogo Kevin Levin explicó que en los comicios “el voto anti Netanyahu fue más grande que el voto pro Netanyahu”, en un proceso marcado por una alta participación ciudadana cercana al 78% del padrón.
La llave institucional para destrabar el escenario quedó en manos del presidente Isaac Herzog, quien deberá evaluar y designar a la figura con mayores posibilidades técnicas de tejer alianzas operativas para alcanzar los 61 votos reglamentarios, en un plazo que puede extenderse hasta seis semanas. Hasta que se formalice un acuerdo de investidura, Netanyahu continuará en funciones de manera interina al frente del Poder Ejecutivo.
El debate proselitista estuvo condicionado por las consecuencias del ataque perpetrado por Hamás el 7 de octubre de 2023 y el posterior desarrollo de las operaciones bélicas en Gaza y el sur de Líbano. Mientras el oficialismo polarizó bajo un discurso de defensa nacional sin concesiones diplomáticas, la oposición interpeló al gobierno por las fallas operativas previas, la falta de una comisión estatal de investigación y las exenciones al servicio militar otorgadas a la comunidad judía ultraortodoxa.
En el plano opositor, el exjefe del Estado Mayor militar Gadi Eisenkot emergió como un contendiente de peso para disputar la conducción nacional. Si bien comparte los lineamientos centrales en materia de seguridad frente a Irán y Hezbolá, sus discrepancias con Netanyahu se centran en la articulación diplomática internacional y la negativa al uso político de las Fuerzas de Defensa.
Uno de los datos más destacados de la contienda fue el desempeño de las listas que representan a la comunidad árabe israelí, que alcanzaron una presencia inédita de entre 17 y 18 escaños, superando la marca máxima de 15 bancas lograda en 2015. El voto de las comunidades beduinas del sur y las demandas locales sobre infraestructura, empleo y educación resultaron determinantes para posicionar a este bloque como un eventual árbitro de la gobernabilidad, aunque un acuerdo con sectores conservadores opositores enfrenta profundas reticencias programáticas.
En paralelo, la resolución de las causas judiciales que enfrenta Netanyahu permanece como una variable subterránea en las tratativas de Jerusalén. De acuerdo con el análisis de Levin, no se descarta la alternativa de un gobierno de unidad con el Likud supeditado a una amnistía presidencial y al retiro político de Netanyahu, una fórmula que permitiría constituir un gabinete estable en medio de las alertas permanentes de seguridad regional.